Mientras el Santo Cristo de las Bienaventuranzas esperaba la llegada de los pasos de la procesión central de la penitencial de San Claudio, los paraguas comenzaban a asomar entre el público y la lluvia empezaba a caer con intensidad, por lo que los responsables se apresuraban en tomar una decisión que pasó por acortar el recorrido una vez concluido un acelerado acto de las Bienaventuranzas en la Catedral donde, eso sí, los braceros pudieron cumplir con la elevación del paso al cielo.
Una vez concluido el sermón y el Padre Nuestro, al ritmo de la banda de la cofradía de capillos azul celeste, el Santo Cristo de las Bienaventuranzas era elevado frente a la Catedral, al igual que los pasos colocados frente a la seo, mientras la lluvia era incesante.
La lluvia seguía cayendo y los cofrades de las Bienaventuranzas enfilaron la calle Ancha para recogerse, cuando antes, en el instituto Juan del Enzina, donde concluía una procesión que debería haber seguido por el Húmedo si la lluvia no lo hubiera impedido.
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