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Rut Villamagna: "Los largometrajes 'stop-motion' son proyectos larguísimos y extenuantes, pero ver el resultado es alucinante"

Rut Villamagna: "Los largometrajes 'stop-motion' son proyectos larguísimos y extenuantes, pero ver el resultado es alucinante"

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La pintora escénica Rut Villamagna en la localidad leonesa de Villamañán, donde nació. | ICAL Ampliar imagen La pintora escénica Rut Villamagna en la localidad leonesa de Villamañán, donde nació. | ICAL
César Combarros (Ical) | 22/04/2018 A A
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Rut Villamagna: "Los largometrajes 'stop-motion' son proyectos larguísimos y extenuantes, pero ver el resultado es alucinante"
Cultura Este fin de semana se ha estrenado en los cines españoles ‘Isla de perros’, de Wes Anderson, donde la artista leonesa trabajó durante quince meses como pintora de muñecos
‘El laberinto del fauno’, ‘Lo imposible’, ‘Frankenweenie’, ‘Maléfica’, ‘Guardianes de la galaxia’ o las tres últimas películas de ‘Star Wars’ (‘El despertar de la fuerza’, ‘Rogue One’ y ‘Los últimos jedi’) son algunos de los largometrajes que cuentan con el sello de la artista leonesa Rut Villamagna (Villamañán, 1978), una soñadora inquebrantable con sonrisa perenne que lleva quince años trabajando en los departamentos de pintura escénica, acabados y pintura de ficticios y atrezo de algunas de las mayores superproducciones de Hollywood. Este fin de semana ha llegado a las salas españolas ‘Isla de perros’, la aclamada nueva película de Wes Anderson, rodada en ‘stop-motion’ (fotograma a fotograma) y en la que ella trabajó durante quince meses, antes de sumarse al equipo de ‘Animales fantásticos: Los crímenes de Grindelwald’, que se estrenará en noviembre. Afincada en Londres desde 2010, en esta entrevista con Ical repasa su trayectoria y desvela nuevos proyectos, como su próximo debut como ilustradora de libros infantiles.

- Su apellido artístico es un guiño al antiguo nombre de la localidad que la vio nacer. ¿Qué relación mantiene con Villamañán?
- Cuando vives tan lejos, donde las cosas son tan diferentes y el día a día es tan distinto, volver al pueblo es un subidón y lo hago siempre que puedo. Además ahora tengo sobrinos, así que con más motivo. Al final te sientes de donde naces, y aunque yo sea de León siempre digo que soy de Villamañán, porque realmente en León nunca he vivido. Viví en Salamanca, en Madrid, en Barcelona, en Londres..., pero nunca he vivido en León, y para mí realmente soy de Villamañán, aunque suene un poco raro.

- ¿La afición al cine le viene desde pequeña?
- ¿A quién no le gusta el cine? (sonríe). Lo que siempre me ha fascinado es la animación ‘stop-motion’. Recuerdo que en el último año de carrera nos propusieron rodar un pequeño corto en grupos y nosotros hicimos una peliculita de animación con muñecos de plastilina. Era muy básica y graciosa, y aquella experiencia me animó a estudiar más sobre ello.

- Estudió Comunicación Audiovisual en la Universidad Pontifica de Salamanca. ¿Qué la llevó allí?
- Me llamaba la atención Bellas Artes, porque siempre me había gustado dibujar y modelar, pero en mi época, y más al proceder de un pueblo donde no tenías acceso a muchas cosas, tenía la idea preconcebida de que hacer Bellas Artes quizá era algo para hijos de ricos, que pudieran llevar una vida bohemia. No era consciente de las posibles salidas profesionales que podría tener y como también me gustaba escribir y quería viajar, terminé estudiando Periodismo. Al terminar hice prácticas en Televisión de León, y trabajé un par de años en varios medios como ‘ABC’, ‘Diario de León’ y alguna publicación digital, pero dejé la profesión porque aquello no era lo mío. Para ejercer en el periodismo te tiene que mover algo más que un mero trabajo.

- Tras esa etapa estudió unos meses en Barcelona con los hermanos Lagares (ganadores del Goya en el año 2000 al mejor corto de animación), antes de cursar un posgrado de animación en ‘stop-motion’ y modelado en los prestigiosos estudios Aardman, en Bristol (Reino Unido). ¿Qué recuerda de esa etapa?
- Aardman es la cuna británica de la animación. Allí aprendí un montón, pero también me desanimé un poco con la lengua. Pensé que o mejoraba mi inglés o no sería capaz de seguir adelante. Mientras estudiaba, trabajaba como camarera para costear los gastos y decidí que no quería seguir trabajando de eso y regresé a España. A día de hoy, aunque al final haya terminado trabajando en lo que yo quiero, pienso que me equivoqué. Sí en aquel momento me hubiera quedado y hubiera luchado por ello igual ahora sería animadora ‘stop-motion’ en lugar de pintora, quién sabe.

- ¿Cómo llegó al mundo de la pintura escénica y de ficticios?
- A mí me gustaba modelar y hacía mis cositas en casa. Tenía un pequeño portafolio que de vez en cuando mandaba a empresas, y un buen día me respondieron de una oferta de trabajo en Barcelona. Era una empresa muy pequeñita, ED Escenografía, y me fui para allá. Estuve un mes y con lo que me pagaron fui a Madrid a estudiar un curso de artes plásticas aplicadas a la escenografía en la escuela de verano de la Complutense. Después de aquel curso empecé a mandar solicitudes en Madrid y fue cuando me llamaron de Artefacto Escenografía, donde permanecí seis años.

- ¿Allí perfiló su especialidad?
- Ahí aprendí la base de todo lo que sé. Era un trabajo muy duro. Tiene el hándicap de que con cierta edad igual ya no puedes hacerlo, pero por otra parte tiene la ventaja de que si sabes aprovecharlo puedes aprender mucho en muy poco tiempo. A los seis años yo ya tenía un portafollio un poco decente para intentar moverme fuera de España.

- ¿Trabajar en ‘El laberinto del fauno’ le cambió la vida profesionalmente?
- Supongo que sí, porque fue la primera película en la que participé. Yo acababa de empezar en Artefacto y aunque no era una gran fan del cine fantástico y de ciencia ficción, descubrí que en ese género es donde más disfrutas trabajando. Por desgracia, películas así, al menos cuando yo me fui en 2010, había poquitas en España. Espero que vaya cambiando.

- ¿Eso la llevó a salir de Artefacto?
- Eso, saber que era un trabajo que en unos años no podría seguir haciendo porque era duro físicamente, y el ansia de ir a por más. Además había empezado la crisis y era en cierto modo ahora o nunca. Al final pensamos: este ve a ser siempre el plan B, pues me puedo ir y ver que hay por ahí.

- ¿Y salió rumbo a Nueva Zelanda?
- Sí, porque tenía allí un contactito en ‘El Hobbit’, pero cuando nos fuimos justo empezó a haber algo de inestabilidad con la producción. No se sabía si se iba a rodar finalmente allí o no, hubo huelgas de sindicatos, y al final no nos pudimos quedar porque en Weta Workshop, la empresa donde se fabricaban los decorados y los efectos especiales, me dijeron que no podían hacerme el visado porque era muy difícil hacerle el visado a un pintor. Si fuera un artista digital hubiera sido más fácil porque allí es más difícil encontrar artistas digitales, así que nos tuvimos que volver. La alternativa que manejábamos era Londres y aquí nos presentamos.

- ¿Los inicios en Londres tuvieron que ser duros?
- Muy duros y muy difíciles, porque es una ciudad muy grande, muy dura a nivel físico, hace un tiempo terrible y es carísima. Llegas con muchas ganas de hacer cosas, pero el idioma y la falta de contactos juegan en tu contra. Al principio me salieron un par de trabajos, y cuando estábamos a punto de tirar la toalla, porque a mi pareja se le acababa el periodo de excedencia en su trabajo, me llamaron para una entrevista de un trabajo al que había optado, que consistía en pintar miniaturas. Cuando llegué cuál fue mi sorpresa al ver que el proyecto era ‘Frankenweenie’, la película de animación ‘stop-motion’ que estaba rodando Tim Burton. Aquello fue un símbolo de que debía quedarme. Al final me cogieron y yo iba todas las mañanas muy contenta intentando que no se me notara la emoción extra que llevaba encima. Entré para un par de semanas y me quedé ocho meses, hasta que terminó la producción.

- Ha trabajado en numerosas superproducciones de Hollywood, desde ‘Thor el mundo oscuro’ a ‘Warcraft’, ¿las películas de ‘Star Wars’ son diferentes al resto?
- Lo que me resultó más complicado es que yo no era una gran fan de ese mundo y me tocó documentarme mucho por mi cuenta. Cuando superas esa barrera de saber qué es cada cosa, y cómo conseguir un efecto u otro, empiezas a disfrutar el proceso y resulta más divertido. Luego, en cuanto a confidencialidad, hay unas medidas de seguridad muy estrictas: no se puede sacar ninguna fotografía, no puedes llevarte ninguna pieza a casa para seguir trabajando… Es un poco esquizofrénico, pero luego entiendes que hay mucho dinero en juego y que es necesario.

- ¿Cuál es el mayor reto profesional al que se ha enfrentado?
- ‘El despertar de la fuerza’, la primera de ‘Star Wars’ en la que trabajé, fue un reto porque tenía que ponerme al día y estaba un poco perdida. Además me pusieron de encargada de una sección, con gente a mi cargo, y llegué a pensar si aquello no me iría grande, pero al menos estaba tranquila porque en esa etapa ya estaba asentada en Londres. Creo que cuando peor lo pasé fue cuando empecé a trabajar en ‘Frankenweenie’, porque ahí sí que estaba estresada: acabas de llegar, es una oportunidad muy grande, es la primera película gorda que hacía en mi vida... Porque ‘El laberinto del fauno’ antes del estreno no era una película gorda, era una película más, que iba a ser mágica y muy bonita, pero nadie, ni siquiera el propio Guillermo del Toro, se esperaba el exitazo que luego tuvo. Con ‘Frankenweenie’ yo era muy consciente de que si aquello sabía mal no sabía qué iba a hacer después.

- ¿Cómo se logra que un pedazo de goma, metal o silicona transmita sensación de realismo a través de la pintura?
- Es un trabajo de mucha gente, que empieza por el diseño y sigue por el modelado. La pintura es el final. Es muy importante, pero si no hay una buena base previa es muy difícil lograr un buen trabajo de acabado. También es cierto que cuando no hay un buen trabajo previo, la pintura puede salvarlo un poquito, o no. No sabría decir si hay un truco. Yo creo que es fundamental querer hacerlo bien e ilusionarte todos los días con lo que haces y creer que tu trabajo es importante. Muchas veces te encuentras con gente que quizá se deja llevar por la rutina y está todo el día quejándose de las horas que se hacen o de lo que sea, pero no hay que perder de vista que somos privilegiados y que mucha gente mataría por tener este trabajo

- Utiliza la pintura, el agua, el fuego… herramientas poco ortodoxas. ¿Sus técnicas son fruto de la experimentación?
- En cada película en la que trabajo intento experimentar todo lo que puedo y lo que me dejan, porque también depende del presupuesto y de los materiales con que puedas contar. En la última, por ejemplo, (‘Animales fantásticos 2’) he experimentado un montón con acabados de metal. Me gusta buscar la manera de hacer cosas para que queden lo más realistas posibles, y hacerlo de la forma más rápida y duradera posible. Por ejemplo utilizo un arerógrafo para pintar elementos de atrezo, que es algo que no se suele hacer en este mundillo. Cuando llego a un trabajo nuevo y los pintores me ven sacar mis herramientas se asombran un poco, pero al final de la producción todos se terminan comprando un aerógrafo, así que debe ser que no va tan mal.

- ¿Es muy autoexigente con su trabajo?
- Sí, soy bastante perfeccionista, pero también intento resolver con cierta rapidez. Creo que es algo que me quedó de la manera de trabajar en España, donde prima solucionar las cosas rápido, y creo que aquí eso me ha valido de mucho. La cultura inglesa es más reflexiva, más metódica, y nosotros somos más de ir a la acción. Pero intento ser todo lo perfeccionista que puedo.

- Este fin de semana se ha estrenado en España ‘Isla de perros’, donde trabajó durante quince meses. Creo que es el proyecto al que ha dedicado más tiempo.
- Creo que sí. Estuve desde el principio hasta que terminó la producción, algo poco habitual porque en proyectos tan largos la gente viene y va mucho. Aquí lo habitual es ser ‘freelance’, y cuando estás tanto tiempo en un trabajo parece que el resto del mundo se va a olvidar de ti y da un poco de miedo. Por eso hay mucha gente que está unos meses, se va a otro proyecto, y luego puede volver o no. Yo por ejemplo tuve que salir de ‘Los últimos jedi’ porque me había comprometido con esta película. Gracias a esas rotaciones pude tener mi primera oportunidad en ‘Frankenweenie’.

- ¿Cómo es trabajar en películas de ‘stop-motion’?
- Son proyectos larguísimos y extenuantes, te exigen muchas horas y al final no tienes vida, pero cuando ves el resultado es alucinante. En ‘Isla de perros’ cada lunes celebrábamos una reunión de todo el departamento y nos ponían unos segundos de metraje de lo que se había rodado la semana anterior. Está muy bien porque es una manera de implicarte un poco más en el proyecto y sentir que realmente estás haciendo algo que va a ser magia. A mí me gusta mucho Wes Anderson, pero para mí esta es su mejor película. Es una maravilla.

- Para rodar ‘Isla de perros’ han hecho falta 27 animadores, 240 decorados y mil muñecos. ¿De qué se ha ocupado en esta película?
- He formado parte del equipo que pintaba los muñecos, con todos sus detallitos: pintas las caras, los pelos de los perros, la ropa, las cosas que ellos manejan (un boli, todo el atrezo…). Es un trabajo muy detallado. Desde que estoy en Londres nunca había trabajado junto a tantos españoles y ha sido un gustazo para nosotros y para el equipo entero, porque aportamos nuestro granito de arena al buen ambiente de trabajo que tuvimos durante todo el rodaje.

- Ya había trabajado con Wes Anderson en las secuencias de ‘stop-motion’ de ‘El gran hotel Budapest’. ¿Cómo es trabajar con él?
- Es un director al que le gusta estar encima de todo el proceso y estábamos muy sujetos a cambios constantes. Es muy meticuloso, le gusta cambiar las cosas veinte veces. Es una persona que tiene un toque especial, un genio. Sabes que lo que va a hacer va a ser magia, pero a veces se ralentizaba un poco todo el proceso, porque todos los departamentos trabajábamos a la vez y podía introducir cambios en mi área, en los pintores de set, constructores, animadores… La película al final lleva su firma, y cuando eres un director tan icónico, posproducción te lo permite todo absolutamente, por eso daba igual que estuviéramos días esperando una decisión. Era así y ya está.

- ¿Qué proyectos tiene en cartera ahora mismo?
- En breve empiezo con una película nueva de la cual todavía no puedo contar nada, y hasta que eso llegue estoy ilustrando un cuento infantil, algo que nunca había hecho.

- ¿Cómo surgió esa posibilidad?
- Cristina Menéndez Maldonado, la escritora, me contactó directamente. Me habló del cuento (‘Peditos pedetes pedotes’, Eirene Editorial) y me dijo que iban a traducirlo al inglés, y que le gustaría que yo fuera la ilustradora. Parece ser que había leído algún artículo sobre mí, le había inspirado mucho mi historia y le hacía mucha ilusión que fuera yo. A mí me dejó un poco alucinada pero dije: ‘Por qué no, vamos a probar’, y la verdad es que lo estoy disfrutando un montón.

- ¿Tiene previsto seguir ese camino? ¿Qué le está pareciendo la experiencia?
- Me está encantando, pero de momento vamos a ver cómo sale este proyecto cuando se publique y si gusta, porque soy consciente de que cuando empiece a trabajar otra vez no voy a tener tiempo para nada.

- Después de quince años de experiencia en el oficio, ¿se imaginaba esta trayectoria?
- No, para nada. Jamás pensé que llegaría hasta aquí, ni siquiera cuando vine a Londres. De hecho, cuando me propusieron ‘Star Wars, el despertar de la fuerza’, estuve mucho tiempo alucinando, porque es una saga que todo el mundo conoce, hasta mi madre. Jamás me lo imaginé y creo que es mejor así, porque el hecho de que haya surgido de una manera encadenada es más relajado que si hubiera sido algo a lo que yo aspirara.

- Entiendo que el suyo es un trabajo con bastante inestabilidad.
- Sobre todo al principio, ahora menos. Lo que pasa es que el Brexit está a la vuelta de la esquina y tenemos que ver cómo afecta al volumen de rodajes de Hollywood aquí. Aparte de que Londres tenga unas buenas instalaciones de estudios cinematográficos, y de que haya una red de técnicos muy especializados y con mucha experiencia, el Gobierno hace una exención fiscal muy fuerte a todas las productoras que vienen a gastarse dinero. Cuando llegue el Brexit no sabemos qué va a pasar. Sé que no me van a echar, porque llevo aquí más de cinco años y puedo pedir una residencia, pero no sé si me va a interesar quedarme, porque yo estoy aquí para trabajar y si de repente deja de haber tanto trabajo nos tendremos que ir a otro lado.

- ¿Tiene España en el horizonte?
- Me encantaría, pero no tengo mucha confianza en que vaya a ser posible. A mí me conoce muy poca gente allí, por no decir nadie, y en España hay muy pocas mujeres trabajando en los talleres de escenografía. Pero quién sabe. Si nos tuviéramos que ir de aquí buscaría en muchos sitios y en España también, por supuesto.
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