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Rubén G. Robles: "Imaginé esta novela como un gran cuadro"

Rubén G. Robles: "Imaginé esta novela como un gran cuadro"

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Una de las obras del pintor holandés Johannes Vermeer que se caracteriza por su preciso tratamiento de la luz. Ampliar imagen Una de las obras del pintor holandés Johannes Vermeer que se caracteriza por su preciso tratamiento de la luz.
Joaquín Revuelta | 05/05/2020 A A
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Rubén G. Robles: "Imaginé esta novela como un gran cuadro"
Literatura ‘La lente íntima’ es una novela con aspiraciones artísticas, fruto de la pasión del autor leonés por la literatura y la Historia, además de la fascinación que le produjo la visión del cuadro de Johannes Vermeer ‘La joven de la perla’
‘Operación fuego mágico’ y ‘La sombra que amó Bram’ descubrieron a un literato fascinado por la Historia, que en esta ocasión ha decidido sumergirse en la compleja personalidad del pintor holandés Johannes Vermeer, a través de una novela que muy pronto verá la luz con el título ‘La lente íntima’ (Eolas Ediciones), cumpliendo de esta manera la promesa que su autor, el leonés Rubén García Robles, hizo ante la tumba del artista. «De pie, delante de su tumba, prometí al pintor, enterrado bajo esa pequeña lápida junto a uno de sus hijos, fallecido unos años antes que él, que trataría de escribir una novela que estuviera a la altura de lo que él me había hecho disfrutar a mí y que tendría aspiraciones artísticas. Mi sueño sería llegar a ver esta novela en la librería del Vermeer Zentrum, el museo del artista en la ciudad de Delft».

– ‘La lente íntima’ (Eolas Ediciones) es el título de su tercera novela, que debería estar ya en las librerías de no haber sido por el parón del sector editorial a consecuencia de la crisis sanitaria provocada por el Covid-19.
– Sí, es cierto. ‘La lente íntima’ estaba a punto de hacerse papel, pero la espera en máquinas ha traído una afortunada coincidencia, una nueva revelación. Nunca dos hechos parecieron darse con tanto acierto a la vez. Lloris Dick, especialista e historiador del arte de la Universidad Técnica de Delft, ha manifestado que se puede apreciar a través de un escáner fluorescente de macrorrayos (MA-XRF) que ‘La joven de la perla’ (Johannes Vermeer, 1660) posee pelo sobre los ojos y pliegues de una cortina verde sobre el fondo –un elemento común en los cuadros de la época– que con métodos anteriores de microfotografía digital en 3D no éramos capaces de apreciar. La primera consideración es que hasta que no se han mejorado las técnicas de visión para ver los detalles del cuadro no hemos sido capaces de percibir todo lo que el pintor había recogido con sus pinceles a mediados del siglo XVII en Delft. El virtuosismo y riqueza de detalles con los que el pintor nos deleitó en sus cuadros fueron fruto del uso de los artilugios desarrollados por la óptica y otras disciplinas a lo largo del siglo XVII. Resulta paradójico que no lo hubiéramos visto hasta ahora. Podemos pensar que era un desafío a nuestra época, lanzado al tiempo, para obligarnos a ver mejor.

– Tras la experiencia de ‘La sombra que amó Bram’ ha decidido volver a publicar con la editorial Eolas.
– ‘La lente íntima’ será el número 40 de la colección la Caldera de Dagda de Eolas Ediciones. Es un lujo poder contar con una editorial que abarca todos los géneros literarios, una estructura sólida con la que poder publicar. Al editor al frente, Héctor Escobar, le convenció la pasión con la que algunas tardes de invierno compartía con él detalles de la vida y obra del pintor. Planteé al editor el desafío de que si no se emocionaba con la lectura de algunos pasajes, abandonaríamos el proyecto y quedaría sin publicar. En unas semanas el sueño de verlo publicado se va a hacer realidad.

– Recuerdo que las primeras noticias que tuve de esta novela fueron a raíz de una entrevista mantenida en diciembre de 2018 con motivo de la inminente presentación de su anterior publicación, ‘La sombra que amó Bram’. Esto me lleva a pensar que madura mucho los proyectos y que el proceso de investigación y documentación previo a la redacción es especialmente largo y complejo.
– Sin duda, son momentos a los que concedo una relevancia enorme. El compromiso y la honestidad resultan importantísimos en el momento de iniciar un proyecto. Cuando un escritor decide escribir una novela sobre el andamiaje existente de la Historia, es necesario el verismo, el ajustarse a realidad. Y eso a pesar de pensar que la Historia, como disciplina que aspira al rigor científico fue, en sus orígenes, un género literario. La Historia es siempre la historia que cuenta el que quedó en pie para contarla, siempre es el relato del vencedor y en ocasiones llega a ser pura ficción. Así pues, si aspiro a la honestidad, al compromiso y al verismo, la fase de documentación, de lectura, de construcción del edificio donde la acción se va a desarrollar, es fundamental. Para la vida de Vermeer tenemos la fortuna de contar con actas notariales que recogen parte de la vida documental del pintor, en ellas podemos encontrar: disputas y riñas familiares, enjuiciamientos por estafas, condenas por acuñación de moneda falsa, sorteos de lotería fraudulentos, subastas engañosas, reclamación de deudas sin pagar y que señalan como signo de la época la idea de sobrevivir.

– ¿Qué motivo le llevó a seguir la pista del pintor holandés Vermeer de Delft, que es uno de los personajes que habitan en ‘La lente íntima’?
–Hace ya más de una quincena de años, al salir de una exposición temporal en la Mauritshuis del gran dibujante y pintor alemán Hans Holbein me encontré con aquella imagen, ‘La joven de la perla’. Fue un encuentro inesperado con un icono dotado de personalidad. Fue una especie de enamoramiento, de iluminación. He regresado años después, en varias ocasiones, a aquella sala de la casa donde se expone, pero aún sigo pensando en aquella otra visita, como un espectro del que estuviera habitado. Sé que no va a producir en mí la misma emoción, porque en torno a ella he construido una historia, un edificio con los libros que he ido leyendo, le he puesto incluso nombre y ha hablado para mí, aunque es el pintor quien recoge el preciso instante en que brotando de la oscuridad, la mujer, el cuadro, va a respirar. Y cuando uno cree que ha conseguido que el cuadro desvele todo su contenido y ella diga esa palabra que parece a punto de decir, vuelve todo a comenzar, como el enigma de la esfinge, lanzando una pregunta, un enigma infinito que creemos se va a revelar, por eso lo miramos y por eso no podemos apartar la mirada de él, porque creemos que se va a revelar, que nos lo va a revelar solo a nosotros, por eso no queremos irnos de la sala en la que ella está. Una auténtica locura al estilo de Proust con la pared amarilla del cuadro que está justo en frente, ‘La vista de Delft’ y que es la portada de ‘La lente íntima’. Mi esposa y yo hemos recorrido toda la Mauritshuis y hemos tenido que regresar varias veces a la sala, por ver si el milagro se había llegado a producir. Ha conseguido Vermeer poner tantas cosas orientales en él, la resonancia de algo permanente y silencioso que no es necesario nombrar. Pero la relación con Vermeer es incluso anterior, llegué a dormir dentro del coche, a las puertas del Museo del Prado, en el año 2003, después de estar todo el día conduciendo desde Estrasburgo a Valencia y de Valencia a Madrid a donde llegué de madrugada, camino de León, para no perderme una retrospectiva de la pintura de la Golden Dutch Age.

– A pesar de esa fascinación tan temprana por la figura del pintor holandés, se ha tomado su tiempo para urdir una novela que incluso se ha visto precedida por otras dos.
– Han sido dos décadas de goce espiritual, me daba miedo hacerlo realidad, materializarlo. Retrasaba el momento de sentarme a escribir, cualquier publicación me servía de excusa. Pero la fruta estaba a punto. Entonces me senté a escribir, el verano pasado, en el pueblo, con método, horario y técnica. Fueron seis semanas de cambiar métodos de escritura, de evitar los saltos en el tiempo, de escribir rápido para dar unidad a la obra con aspiraciones artísticas, para que quien se asome a ‘La lente íntima’ vea esa unidad y no quiera soltarlo hasta llegar al final. Recuerdo que estábamos mi padre y yo solos en el pueblo, era la hora de comer, yo estaba escribiendo y mi padre me llamó para que fuera ya. En ese momento uno de los personajes corría por las calles de Ámsterdam, le habían robado la bolsa del dinero, él no sabía quién de los dos ladrones la llevaba encima, yo tampoco, se separan, yo mismo no sabía detrás de quién llevarle, la verdad. Mi padre me volvió a llamar y cuando llama un padre es mejor dejar lo que se hace, obedecer es amar. Así que aquella urgencia hizo que levantara la pluma y supiera exactamente lo que había que poner y… la velocidad y la adrenalina impregnaron aquellas líneas. No hay nada como vivir determinadas cosas para saberlas transmitir. Hay empresarios de la escritura que por la urgencia del oficio que desarrollaron y la inmediatez que su trabajo les exigió, saben resolver como nadie un asesinato en dos lances. Quien acude a un libro con la perspectiva del entretenimiento –pues el libro es un producto de la industria del entretenimiento–, acude con el ánimo de ver cómo surgen los conflictos, cómo se desarrollan y cómo se resuelven, o no. Quieren, en definitiva, ver cómo otro lo pasa mal desde el sofá de su salón, sin riesgos, desde su esfera o burbuja de confortabilidad.

– ¿Le ha resultado más sencilla la redacción de ‘La lente íntima’ de lo que fue ‘La sombra que amó Bram?
– He convivido con los cuadros de Vermeer y los hechos más relevantes de su vida durante dos décadas. Me facilitó la redacción de ‘La lente íntima’ toda la documentación de Michael Montias en ‘Vermeer and His Milieu: A Web Social History’ en donde el autor publicó todos los detalles de las vidas del pintor y su familia, hechos con los que me fue posible reconstruir con cierta facilidad el ambiente de enfrentamientos y disputas, divorcios, penurias económicas, empréstitos, reclamaciones de deudas, etc... de la ciudad de Delft. Se me ofrecían así todos los elementos que estaba buscando para armar la historia de conflictos a los que todo personaje de novela se debe enfrentar. A ello se unió el que imaginé esta novela como un gran cuadro, con mucho de pictórico y visual y en donde sus pinturas se dejarían ver durante unos segundos, como escenas fugaces donde su vida diaria se podría desarrollar. Era imposible no hacerlo así. Escribir se convirtió en disfrutar. Otro de los elementos que me han facilitado la escritura y dar profundidad y hondura psicológica, conflicto interior, a los personajes, es la asistencia al Seminario de Psicoanálisis del Médico Luis Salvador López Herrero, psicoanalista, médico y miembro fundador del CPL. Me ha ayudado a entender mejor las raíces del mal.

– Tengo entendido que ha aprovechado bien el confinamiento para redactar su cuarta novela, que ya no será histórica sino contemporánea y con una trama de pura ficción inspirada en sus experiencias en África. ¿Es la senda de la ficción por la que pretende transitar a partir de ahora?
– Es cierto que durante mis primeros trabajos necesitaba el edificio que me proporcionaba la Historia, necesitaba ese andamiaje, una estructura que me ayudara a adquirir confianza, a crecer, a mejorar, es algo a lo que todo ser humano debe tener el derecho a aspirar, mejorar. El confinamiento me ha ayudado a escribir una cuarta novela inspirada en mis experiencias en África que quizás vea la luz el próximo año, pura ficción, es verdad y a dejar volar la imaginación con total libertad, sin los miedos del principio, de nuevo hablo desde el compromiso y la honestidad y este encierro me ha ayudado a ver algunas cosas de las que es necesario aprender y que debemos apreciar para poder creer que es posible un mundo mejor. En aquella época, en el siglo XVII, en Delft, todos los elementos se pusieron en marcha para hacer posible la existencia de Johannes Vermeer. La ciencia y la tecnología se pusieron al servicio del dominio de la naturaleza, de las artes de la guerra y de la navegación, para poder dominar al otro, someter a semejantes al otro lado del mundo y adquirir superioridad. Quizás no hayamos cambiado tanto como pensamos hoy. Y sin embargo, a través de los objetos, sagrados portadores de cultura y traídos desde el otro extremo de un mar sin fin, un hombre, Johannes Vermeer, en el ropaje de la vida familiar de una ciudad de provincias, supo descifrar sus enigmas y regalarnos el misterio de la vida sabiendo aprovechar todo lo que la ciencia puso a su disposición, dedicado solo a hablar sin palabras de cosas de la eternidad.
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