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Rossini y su alegría de vivir

Rossini y su alegría de vivir

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Ensayo de 'La italiana en Argel' en el Liceu de Barcelona. | ABC Ampliar imagen Ensayo de 'La italiana en Argel' en el Liceu de Barcelona. | ABC
Javier Heras | 18/12/2018 A A
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Rossini y su alegría de vivir
Ópera El Liceu de Barcelona recuerda al compositor en el 150 aniversario de su muerte con 'La italiana en Argel', que este martes emite en directo a las 20:00 horas los cines Van Gogh
Barcelona fue una de las primeras ciudades europeas a las que llegó 'La italiana en Argel'. Estrenada en 1813 en Venecia, apenas dos años después se representó en el Teatre de la Santa Creu. Sin embargo, han pasado más de tres décadas desde la última vez que se escuchó en el Liceu; una larga ausencia que ahora toca a su fin. El teatro rescata la primera obra maestra de Gioachino Rossini (1792-1868), escrita en menos de un mes cuando solo contaba 21 años.

Tal vez muchos no hayan oído hablar de ella, pero supuso el salto más importante de su carrera. "Es Rossini en estado puro, una partitura de juventud en la que empieza a saber lo que quiere", resume el director Jesús López Cobos. Contiene todos los rasgos que consolidaría después 'El barbero de Sevilla': un argumento de enredo desmelenado, réplicas vertiginosas, el protagonismo de una mezzosoprano astuta y bella (como en 'La Cenerentola'), un bajo bufo en el papel de jocoso villano, igual que 'Don Pasquale'… También forjaría la leyenda de su rapidez al componer (tardó 20 días… en un año en que escribió cuatro títulos) y daría pie a su idilio con la taquilla: logró un éxito inmediato y reflotó el Teatro San Benedetto de Venecia, al borde de la ruina.

Esta farsa de enredo da la vuelta a las tradicionales "óperas turcas" del siglo XVIII, entre ellas el 'Rapto del serrallo': aquí es una mujer la que se infiltra en tierras de infieles en busca de su amado, al que un cacique ha hecho esclavo. El libreto de Angelo Anelli continúa la tradición bufa napolitana, pero aporta una heroína moderna que consigue lo que se propone gracias a su inteligencia, valentía y encanto. El público se volvió loco con una música vertiginosa, inspirada, irresistible, pero también con la admirable protagonista. "En un mundo en el que gobernaban los hombres, anticipa el feminismo y subvierte el orden tradicional de Argelia", explica Vittorio Borrelli.

El escenógrafo del Teatro Regio de Turín se encarga del montaje que se verá en el Liceu (y que Cines Van Gogh retransmitirá en directo este martes a las 20:00 horas), una producción imaginativa, vistosa y elegante. El resto del equipo lo forman especialistas: Rossini demanda la máxima finura tanto de los cantantes como de la orquesta. Entre los primeros, el bajo Luca Pisaroni, la soprano Sara Blanch (que ya ha convencido en el Real, la Maestranza y el festival de Pesaro, localidad natal del compositor) y la mezzo armenia Varduhi Abrahamyan. Debuta en Barcelona tras hacer lo propio el año pasado en la Bastilla y la Royal Opera. A la batuta, Riccardo Frizza (Brescia, 1971), que aquí ya había dirigido 'Rigoletto' en 2017 y 'Capuletos y montescos' en 2016. Autoridad en bel canto, habitual del Metropolitan y La Scala, ha asumido la dirección musical del Festival Donizetti de Bérgamo.

En el 150 aniversario de la muerte del "cisne de Pésaro" (irónico apodo para un orondo 'bon vivant'), 'La italiana en Argel' resume sus virtudes. Aparte de atreverse a mezclar comedia y tragedia, sacó el máximo partido a la voz. Las difíciles coloraturas del bel canto (trinos, mordentes) describen la picardía de la protagonista, igual que los grotescos saltos de tono ridiculizan al sultán. En los conjuntos (tríos, cuartetos) da rienda suelta a su ingenio: al final del primer acto, hasta siete personajes expresan su confusión mediante onomatopeyas (pum, crac), un trabalenguas maravilloso. Por si fuera poco, se adelantó a su tiempo con novedades como el crescendo: la repetición de una melodía que incrementa cada vez más la velocidad y el volumen, un rasgo que desde entonces será su sello. Si hasta entonces la orquesta en Italia solo acompañaba sin molestar, aquí comenta la acción, se burla, genera expectativas… Incluso desarrolla efectos cómicos. En la obertura, que comienza suave, de pronto la orquesta estalla en un golpe atronador; pretendía despertar a los aristócratas que se dormían en el palco.

Igual que a Mozart, a Rossini se le quita mérito porque todo suena tan natural que parece fácil. El joven Gioachino había estudiado a Bach y al genio de Salzburgo, casi inéditos en su país; de ahí que se le apodase "el pequeño alemán" ('il tedeschino'), y que en la partitura haya homenajes explícitos a 'Las bodas de Fígaro'. Con razón, Stendhal dijo que su música "hace olvidar las miserias de este mundo".
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