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Retorciendo la Historia: El Rosetón de Poniente nunca salió de León

Retorciendo la Historia: El Rosetón de Poniente nunca salió de León

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Taller de restauración de la Catedral de León, con los arquitectos .1 Juan Bautista Lázaro, Juan Crisóstomo Torbado, y el jefe de taller Clemente Bolinaga (en el centro) y los operarios de los distintos oficios artísticos. Cortesía de Ignacio González-V. Ampliar imagen Taller de restauración de la Catedral de León, con los arquitectos .1 Juan Bautista Lázaro, Juan Crisóstomo Torbado, y el jefe de taller Clemente Bolinaga (en el centro) y los operarios de los distintos oficios artísticos. Cortesía de Ignacio González-V.
Miguel A. Nepomuceno | 20/10/2019 A A
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Retorciendo la Historia: El Rosetón de Poniente nunca salió de León
Patrimonio El diario del arquitecto Juan Bautista Lázaro, certifica que el Rosetón y las vidrieras se restauraron en el taller catedralicio y jamás viajaron a Barcelona
“Las vidrieras no deben salir de León para evitar pérdidas irreparables”
(
Demetrio de los Ríos)


La polémica creada en torno a un inexistente "cambiazo" de algunas de las vidrieras del Rosetón de Poniente, según manifestó el canónigo fabriquero y administrador de la Catedral Mario González el pasado 9 de octubre, han sido el detonante de una noticia que ha ocupado las páginas principales de los grandes rotativos nacionales y extranjeros, y que  ha resultado no ser cierta a la luz de los documentos y textos encontrados.

Según González durante las obras de restauración del templo en 1859-1901 y el desmonte y reparación del rosetón Oeste hubo que reemplomar la totalidad de las piezas, justificando este hecho en base a que la restauración que se hizo en el siglo XIX desmontándolo y llevándoselo a Barcelona se realizó "con un plomo de mala calidad". A esa mala calidad se suma ahora la sospecha de que no todas las vidrieras originales que viajaron a Barcelona regresaron a León.

Semejante declaración hizo saltar las alarmas de inmediato, provocando por parte de los periodistas un aluvión de preguntas al administrador con el fin de tratar de conocer en profundidad las causas de ese "cambio" de piezas, ya que según González, "el rosetón estuvo en un taller de Barcelona llamado Rigalt, propiedad de un aparejador que trabajaba en la Catedral de León contratado por el Ministerio. Quiero investigar -continuó- qué cambios ha habido en la restauración. Si se fueron nueve ángeles y vinieron doce". Y concluyó: "De todas formas hay que ser muy prudente con los proyectos y las conclusiones porque yo no conozco todos los pormenores de los hechos".

A la vista de estas declaraciones la pregunta que surge al instante es ¿por qué antes de conocer al detalle todos eses pormenores de lo sucedido, recabar la opinión de los expertos y sobre todo leer toda la documentación existente en el archivo sobre la restauración e hipotético traslado a Barcelona, se hacen unas afirmaciones sesgadas, contradictorias y sobre todo sin apoyo alguno de los documentos escritos por los propios protagonistas del hecho, como Demetrio de los Ríos, Juan Madrazo, Juan Bautista Lázaro, Vicente Lampérez que dedicó varios números de la revista de la época 'Arquitectura y Construcción' de 1901, a las obras de restauración? Lanzar afirmaciones de este tenor a los medios sin tener la certeza fehaciente de que lo que se dice es cierto porque está respaldado por documentos, es cuando menos temerario dado que quienes lo lean les asaltará la duda si las restantes vidrieras pudieron sufrir un tipo similar de "cambiazo".


Documentos refutan al administrador


A la muerte de Demetrio de los Ríos los trabajos catedralicios quedaron bajo la supervisión y dirección del arquitecto leonés Juan Bautista Lázaro, quien dedicó los dos primeros años al frente de la Catedral en profundizar en el estudio y técnicas de las vidrieras, para lo cual inició unos ensayos a pequeña escala para comprobar la respuesta de los materiales, la coloración y dureza de cierto tipo de vidrios. Sin embargo el suministro de estos vidrios sólo podía venir del extranjero dado que en España no existía quien los hiciera. Ante semejante impedimento Lázaro pide autorización al Cabildo para construir un taller de fabricación de vidrios en la parte alta de Puerta Obispo pero que debido a las obras de demolición tuvo que trasladarse a la catedral.

Los primeros ensayos fueron poco satisfactorios debido a que los dibujos no daban una idea fiel de los matices de las vidrieras antiguas. Por ello se procedió a hacer una copia con un témpano antiguo y a la vista de él se realizó una copia con vidrios nuevos y se repusieron el viejo y los que faltaban con un resultado tan satisfactorio que no se podían distinguir los nuevos de los antiguos sino era con un examen detenido. Ante el éxito Juan Bautista reparó por completo el rosetón occidental es decir el de Poniente, que de los 30 metros cuadrados se conservaban 23 metros de vidrieras originales distribuidos en más de 70 paneles que pese al aceptable buen estado necesitaban una reparación ya que alguno se encontraba prácticamente perdido y otros desaparecidos, como afirma Arantxa Revuelta. Se inició la sustitución primero con vidrio inglés que no sirvió por su excesiva limpieza dando una transparencia muy distinta al original, por ello Lázaro utilizó un tipo de arena gruesa en el recocido con lo que consiguió una extraordinaria semejanza con la textura rugosa de los viejos. Con ello restauró completamente el rosetón occidental con éxito sin precedentes en España por lo que fue y felicitado en numerosas exposiciones y otorgada por Alfonso XIII la Gran Cruz de Isabel La Católica.


En su diario


"Al presente este grande y hermoso rosetón se halla terminado por completo, ocupando su lugar propio y en condiciones de poderse juzgar de todos los pormenores de su reparación y decidir si la obra ejecutada y los artífices en ella empleados permiten esperar que la reposición de las demás vidrieras antiguas pueden llevarse a cabo con éxito satisfactorio como fundamentalmente cree el que suscribe. A partir de la reparación y colocación del rosetón de poniente acometí resueltamente la empresa de plantear el taller de vidriería, tomando como modelo el de la catedral de Toledo (…)" "Y se propuso desde el primer día que todos los trabajos se hicieran en León por operarios leoneses" (J.Bautista Lázaro).

A partir del éxito de este rosetón, ejecutado íntegramente en el incipiente taller que estaba surgiendo en León se inició la que sería la gran restauración y reconstrucción de la totalidad de las vidrieras. Vicente Lampérez en la revista de 1901 Arquitectura y Construcción, escribe una serie de artículos (3) donde señala que "el Sr. Lázaro estableció en la (Catedral un modesto taller, del que salieron las primeras vidrieras, utilizando como materia prima el vidrio inglés. El resultado no fue todo lo satisfactorio que fuera de desear : la excesiva limpidez del vidrio daba una transparencia muy distinta de la antigua". La ventaja de crear un taller en León, señala González Varas, era tener la garantía de que los originales no salieran de León como habían solicitado los talleres alemanes, y que todas las reparaciones se hicieran con la mayor escrupulosidad y respeto arqueológico de los vidrios existentes, al reparase íntegramente, en los talleres catedralicios bajo la dirección y supervisión de Lázaro.



Rigalt y su implicación ficticia


Y llegamos a lo que podríamos llamar el retorcimiento de la verdad. Ante los informes favorables de la Junta de Construcción Civil y de la Academia de San Fernando, Juan Bautista Lázaro se decide a acometer una de las aventuras más arriesgadas y de imprevisibles consecuencias en el templo ayudado por Juan Crisóstomo Torbado.

Para ello solicitan la ayuda y colaboración de los talleres catalanes Rigaly y Cía, que preparan en instruyen en Léon a tres maestros vidrieros que intervienen decisivamente en la reparación y composición de las vidrieras: Alonso Bolinaga, Santa María y González y el ajustador Moncada, instruido directamente por Rigalt. Incluso se sabe que el maestro aparejador catalán (Rigalt) viajó León contratado por el Ministerio para seguir de cerca las reparaciones durante algunas semanas. Y Lázaro concluye en su diario diciendo que el modesto pero eficaz taller leonés "consiguió restaurar todos los grandes ventanales de la nave alta y los grandes rosetones occidental y septentrional con sus respectivos triforios en el año 1897".

Con este tratamiento se consiguieron los cuatro objetivos de la ejecución y restauración de vitrales como afirma la doctora Revuelta Bayod:
-Reponer el emplomado de paneles antiguos bien conservados.
-Reponer plomos y vidrios en paneles medianamente conservados.
-Rehacer paneles deshechos aprovechando los elementos antiguos añadiendo los nuevos que les faltaban tanto ornamentales como de figura.
-Hacer paneles enteramente nuevos, ornamentales y de figura. Y todos ellos sin que el rosetón saliera de León.



El error del traslado


Pero, ¿de dónde surge la información errónea del administrador catedralicio anunciando un supuesto traslado a Barcelona del rosetón de poniente a los talleres de Antoni Rigalt?

Presumiblemente el canónigo fabriquero, se guió por lo que el escritor José Fernández Arenas escribe en la pag.113 de su libro 'Las vidrieras de la catedral de León' (Madrid, Everest, 1994): "en 1895 dicho rosetón se traslada a Barcelona para ser restaurado por Rigalt". El escritor tomó como fuente documental el Boletín de la Real Academia de Ciencias y Artes III época, Vol. I nº 21, Barcelona, pero no se llegó a producir. (A. Revuelta Bayod).

Por tanto esa afirmación del traslado se debió contrastar con otros textos posteriores como el de Ignacio González Varas-Ibáñez, el de Jorge Díez García Olalla, y las tesis doctorales de Nuria Gil sobre Rigalt o el más reciente de la de la profesora leonesa Arántxa Revuelta Bayod, la cual deja igualmente claro el error de Arenas arrastrado por el resto de los informadores al dictado de las palabras del administrador.


Las manifestaciones realizadas que han creado no sólo alarma sino confusión más parecen querer justificar la desaparición de vidrieras angelicales (que se repusieron posteriormente en León) porque en agosto de 1894 el rosetón "se había terminado por completo y estaba ya ocupando su lugar", (García Olalla), por lo tanto difícilmente se pudo trasladar a Barcelona un año después, 1895, como se anunció ¿o volvieron a desmontarlo de nuevo en un alarde de jugar al Exin?

Otra teoría que circula por los medios es que está registrado en el A.C. que un operario de la Catedral se trasladó hasta la estación con el fin de recoger 12 cajas de vidrios procedentes de los talleres Rigalt de Barcelona que fueron depositadas en la torre Norte. Este dato podría crear confusión al pensar que eran vidrios fabricados y pintados en los mencionados talleres Rigalt cuando en realidad eran vidrios planos “que no vidrieras, pues la empresa de Rigalt suministraba por toda España, vidrio y plomo, así como grisallas”, como afirman Revuelta y Olalla. “Y ese plomo” señala la doctora Revuelta, no es de mala calidad ya que debemos considerar que en la Catedral de León encontramos varios tipos de él en sus vidrieras, algunos anteriores al siglo XIX pero en una cantidad muy pequeña. Los plomos del siglo XIX existentes en la Catedral eran suministrado por empresas nacionales entre las que estaba la de Rigalt, y no es que fuese de mala calidad sino muy puro». Por lo que la teoría de del emplomado también se pone en cuarentena.


 

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