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Que no vuelva el Tenorio

Que no vuelva el Tenorio

TRIBUNA DE OPINIóN IR

Raquel de la Varga Llamazares | 04/11/2019 A A
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Que no vuelva el Tenorio
En los últimos años solo entro en iglesias por turismo y, especialmente, misas funerales. De estas últimas he salido con una reprimenda encima sin excepción. A nadie ya le extraña que los pastores de la fe, en las homilías, le recuerden al rebaño la falta de compromiso actual, especialmente alusiva a los jóvenes, para con la comunidad cristiana a la que hemos abandonado. Pero el 1 de noviembre de algunos años, con el tradicional adelanto de la festividad de Difuntos, uno siente un compromiso y una querencia familiar a acompañar a los nuestros.

Una de las acusaciones que más se repiten es la de la pérdida de las tradiciones religiosas, sustituidas (en un alarde de desmemoria por su parte) por costumbres paganas. Así que, como era de esperar, Halloween ha sido un tema ineludible en sus discursos. En Valdealcón, el pequeño pueblecito de mi padre, nuestro líder espiritual de la zona nos ha mandado a todos al infierno, derechamente, y especialmente, a las niñitas de unos cinco años de la primera fila, a quienes ha acusado de reírse y ridiculizar a sus seres queridos ya fallecidos por haberse disfrazado en la noche anterior. Que cómo podían reírse así de su abuelito muerto, dijo en tono reprobatorio y sin despeinarse.

Lo más curioso es que este guardián de la moral, amenazando a todo bicho viviente con la acusación de vivir de espaldas al Señor, más ojipláticos que indignados, no es ajeno a la vitalidad de una de las películas más comentadas de los últimos meses. Todo apuntaba a una carrera contra el mayor de los ridículos.Y lo hizo: culpó al film Joker (y en un ejercicio de metonimia, a todas las películas, videojuegos, fiestas de Halloween y otras ideas arbitrarias que le vinieron a la cabeza) de ser las responsables de la violencia y las violaciones y tiroteos que asolan al mundo occidental. Literalmente.

Es evidente que los tiempos cambian, y lo hacen tan vertiginosamente que solo a las generaciones más jóvenes no nos resulta chocante ni ofensivo disfrazarnos de zombie un viernes por la noche y el sábado sentir un absoluto respeto por nuestros difuntos.

Quizá porque el respeto, el cariño y la memoria hacia los muertos, especialmente para los no creyentes o no practicantes, no necesita demostraciones públicas porque es una parte intrínseca de nosotros. Podemos ponernos un sombrero de bruja un viernes y sentir un absoluto respeto por nuestro abuelo muerto a quien no ridiculizamos, porque en alguna de sus dimensiones permanece en nosotros, en cada una de nuestras acciones y en cada segundo de vida.

Ni todos los que nos hablan desde los púlpitos son tan malvados, ni todas las tradiciones un invento yanki deshumanizador. Por eso, mientras escuchaba que el día del Juicio tendré que dar cuentas de mis profanos disfraces, no dejaba de pensar en Don Juan Tenorio. De adolescente, me gustaba unirme a esa tradición de leer o ver la representación de la obra cuyo propio autor repudió y cuyo desarrollo argumental es absolutamente inverosímil, propagandístico y casi misógino. Pero con todo, en su momento de mayor inverosimilitud nos enseña que es el Dios de la clemencia, el Dios de don Juan Tenorio, y que la gran ventaja del catolicismo es precisamente eso, poder llevar una vida de excesos y pecados con la tranquilidad de salvarte en el momento final. Hoy me alegro de leer literatura bastante mejor, pero sobre todo, de que llegado el día puede haber misericordia para nuestro paganismo, que no es otra cosa que querer disfrutar bebiendo, comiendo y bailando con nuestra gente, ajenos a la culpa adánica con la que nos amenazan.

Ahora lo que no dejo de preguntarme es de dónde viene la mezquindad intrínseca de quienes se atreven a juzgar, si de las costumbres extranjeras o de los videojuegos; si los pederastas y abusadores de niños que sigue encubriendo la Iglesia habrán visto Joker.
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