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Que nadie calle, jamás, a Emilio Vega

Que nadie calle, jamás, a Emilio Vega

EL BIERZO IR

El libro 'No callarán mi voz', sobre la mesa de lectura de Ruy Vega. Ampliar imagen El libro 'No callarán mi voz', sobre la mesa de lectura de Ruy Vega.
Ruy Vega | 24/10/2021 A A
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Que nadie calle, jamás, a Emilio Vega
Cartas a ninguna parte El autor egresa al universo de lo imprescindible, bordando en la línea del tiempo un nuevo e indiscutible poemario de enorme calidad.
Abro el libro y encuentro, en la primera página, y como un aviso a quien se atreva a adentrarse en el maravilloso mundo de la poesía, un texto de Frida Kahlo: «Todavía veo horizontes donde tú dibujas fronteras». Y así es como el genial Emilio Vega nos abre la puerta a su último poemario.

Emilio ya no solo es un compañero de letras y viajes hacia el alma, Emilio es un amigo, y quizá sus conversaciones sobre literatura, con esos cafés que tantas veces me he tomado con él, han llenado vacíos que mis recuerdos todavía dibujan cuando hay lluvia y se escucha la tormenta rugir al fondo. De él ya te hablé en otra ocasión, y hoy regreso con esta nueva «Carta a ninguna parte» con motivo de su nuevo poemario. Sé que desearás leer este nuevo libro allí donde te encuentras.

La poesía, además de técnica y su enorme dificultad, debe expresar algo. Y el título que el propio Emilio ha elegido para este libro no podía ser más poético y acertado, pues encierra un mensaje que muchos, muchos, querrían gritar al cielo, pero todavía no lo han hecho: «No callarán mi voz». Ese es, quizá, el primer verso de una serie de imprescindibles páginas.

Sé que te lo he dicho muchas veces, que no son pocas las ocasiones en las que digo, confieso, grito, anoto u opino (no sé muy bien qué palabra utilizar), que es bien distinto escribir poesía que ser poeta. Seguro, papá, que estás de acuerdo conmigo. No es árbol el pequeño tronco que asoma en la maceta abandonada. Árbol es aquel hermoso ser, de imponente presencia, que permanece en pie tras el huracanado viento de los nuevos horizontes (de la literatura). A riesgo de ser pesado, creo justo escribirlo aquí, una vez más: puedes escribir poesía, pero no ser poeta. Y Emilio es un poeta con mayúsculas, quizá él sea la letra «e» de «poesía» o de «verso». Puede que sea eso, una de las letras que conformen las palabras que definen un estilo único, y por ello es tan especial. A veces creo que en esta máquina social que nos envuelve, Dios colocó poetas entre nosotros para que pudiéramos comprender la vida un poco mejor. Porque son ellos quienes nos hablan del amor, del dolor, de lo cotidiano y de lo especial, siempre desde un punto de vista de aquel que lleva el corazón fracturado y habla con su alma en las noches de licor y soledad.

El poemario está dividido en tres partes, cada una con su propia personalidad y reflexión, llevándonos a tres conversaciones con el poeta. Y de entre ellos, te he recopilado algunos versos que me han gustado especialmente, si bien necesitaría varias cartas para escribirte todos aquellos que he anotado. Voy a comenzar con uno muy determinante que podrás encontrar en el poema «Aterrador futuro», y que nos dice: «¡De ellos harán tan solo máquinas sin alma!» Fantástico. Sé que corro el riesgo de repetirme, pero no me importa, dada la importancia del pensamiento. Sinceramente creo que lo que nos diferencia de otros seres no es la inteligencia (por cierto, concepto que nos hemos puesto a nosotros mismos, lo cual…), sino el alma. Porque sin ella, podríamos ser fantásticos científicos, pero me pregunto si podríamos ser humanos. Y puede que una reflexión tan sincera como la que te hago, papá, nos deje entre versos el autor, donde en el poema «El ciclo de la vida», escribe que «Eso han sido los hombres a través de los siglos: / simples granos de arena ocupando un espacio / y soñando que existen».
Poco a poco nos vamos adentrando en este libro, como el que viaja hacia un hermoso destino, pero sabiendo que es la conversación con el desconocido lo mejor de unas horas no tan perdidas. Y, por ello, Emilio nos regala una y mil poesías de acertada reflexión y vivencias. Sí, Emilio, el poeta (y, como decía antes, no solo el que escribe poesía). Me voy ahora hasta «Insumisión», donde, encerrado en un texto de respeto y libertad, leo: «Declara en rebeldía su obediencia / si la precede un gesto autoritario».

Es en el Libro Primero, del que he extraído los versos anteriores, donde encuentro, sin duda, uno de mis poemas favoritos. Pero no utilizo la predilección solo para este libro, sino que la hago extensa al resto de lecturas, tanto anteriores como, estoy seguro, futuras. Su título es «Mi voz», y lleva un peso de fondo más profundo que las obras de otros muchos. Emilio es grande, muy grande. De él te escribo que «En un mundo cautivo de sombras angustiosas, / cual un verso mendigo, se oye mi voz cansada, / como seco disparo de advertencia al aire / para guiar al hombre hacia el sentir del alma». Caray… Me repito, pero es necesario: qué grande, Emilio.

Doy un pequeño salto hacia el Libro Segundo, donde ya en su primer poema encontramos la originalidad. Si juntas las primeas letras de cada de uno de sus versos se conforma un nombre, Maribel, cuyas sílabas, estoy seguro, dibujan parte de la vida de Emilio. No sé quién es ni de quién se trata, pero no todo el mundo tiene el honor de llevar un poema sobre sus hombros, versos sobre sus espaldas.

Hay libros que tienen algo especial, que lo lees dos o más veces. En la primera disfrutas, la segunda te llega a lo más profundo... Hay libros que tiene algo especial, libros que lees dos o más veces. Este es uno de ellos, porque la primera la disfrutas, la segunda te llega a lo más profundo, en la tercera anotas todo lo que debe formar ya parte de tus textos preferidos. Y en estas diversas lecturas he descubierto joyas como «El eco de tu nombre», donde leo que «Más, quiero recordarte / de un modo positivo: / como un tiempo que trae / de nuevo hasta mi mente, / los ecos relumbrantes / de sueños compartidos, / de amor, de vino y rosas, / maceradas al sol / con tu presencia amable». O quizá podría ir también hasta «Invoco mi derecho de quererte», donde la confesión del corazón de cristal nos confiesa que «Sé que soy impulsivo. / Todo un especialista / eligiendo el amor equivocado». No importa, todos deberíamos equivocarnos en el amor alguna vez. Sí, debería ser obligatorio.

Me traslado ya, cual viaje de pensamiento, hasta el Libro Tercero, bajo cuyo título, «Viajero por el cosmos», se encierran los poemas que cierran un libro ya, seguro que opinas lo mismo, imprescindible. En «A veces», cuyo título ya me encanta por el mil y un significados y desarrollo que cada uno de nosotros le podríamos dar (cuántas historias han comenzado con un «a veces» sin fijar). En él leo: «A veces me pregunto si estoy despierto o sueño». Sinceramente, me gusta mucho, papá.

Otro ejemplo de esta tercera parte, tan imprescindible como las anteriores, lo leerás en «La búsqueda», donde los versos nos llevan hasta lo más profundo de sensaciones que con las que muchos se sentirán identificados. Sensaciones descritas con la sinceridad de «Para saldar la deuda de un error del pasado, / buscó en el laberinto de su mente / huellas fosilizadas de un viejo amor prohibido».

Es «No callarán mi voz» uno de esos libros imprescindibles, uno de esos en los que un conjunto de poemas logra dibujar líneas de sinceridad en el horizonte de los sentimientos. Y es que todos y cada uno de nosotros estamos hechos, papá, de sentimientos y alma. Lo demás no es más que la cobertura de un ser vivo. Por eso, escritores como Emilio Vega son necesarios, por eso se hace obligada su lectura, por eso es preciso que sus libros figuren, siempre, entre las librerías de todos nosotros.

¿Sabes qué es lo mejor? Que cada vez que leo algo de un gran poeta me reafirmo una vez más en que no es inmortal el que nunca muere, sino el que nunca se olvida.
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