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¡Qué guapos éramos hace 110 años!

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El monasterio de Eslonza con su fachada original, trasladada posteriormente piedra a piedra a la Iglesia leonesa de Renueva en tiempos de Almarcha. Ampliar imagen El monasterio de Eslonza con su fachada original, trasladada posteriormente piedra a piedra a la Iglesia leonesa de Renueva en tiempos de Almarcha.
Fulgencio Fernández | 07/01/2018 A A
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¡Qué guapos éramos hace 110 años!
LNC Domingo En 1908, ahora hace 110 años, acabó Gómez Moreno de hacer las fotos para su famoso ‘Catálogo monumental de la provincia de León’. Fue la gran referencia del patrimonio durante décadas y hoy sirve para constatar y lamentar ruinas, expolios, traslados...
'Catálogo Monumental de España. Provincia de León (1906-1908)’, por Manuel Gómez Moreno. En el título ya está buena parte de la información sustancial de este volumen que se convirtió durante décadas en referencia a la hora de hablar del patrimonio provincial. Pero el paso del tiempo ha hecho de este volumen, además de una referencia inevitable, el mejor de los textos –y, sobre todo, de las imágenes– para comprobar el deterioro que ha sufrido, cuando no la ruina, la desaparición o el traslado piedra a piedra, como ocurrió con el monasterio de Eslonza o el palacio de Renedo de Valderaduey, que lucen en el catálogo en su enclave original (en Santa Olaja y Renedo) y hoy podemos ver sus fachadas en las fachadas de la iglesia de San Juan y San Pedro de Renueva o la del Hospital de la Regla, muy cerca de la Catedral, dos traslados realizados piedra a piedra y auspiciados por el más famoso –y tal vez controvertido– de los obispos que tuvo León, Luis Almarcha. Otros que tuvieron que ser trasladados piedra a piedra, por suerte, fueron aquellos que iban a quedar bajo las aguas del pantano de Riaño y que lograron salvarse.

Podemos ver destrozos, o el triste camino que han seguido todos esos monumentos que han acabado en la famosa y temida Lista Roja del Patrimonio y que en el catálogo presentan aún un aspecto mucho más saludable, como la iglesia de San Juan de Montealegre, por citar uno de los más llamativos.

Otro curioso ejemplo podía ser el del abandonado templo martirial de Marialba de la Ribera, para el que tantos proyectos hubo y tan pocas realidades. En aquellos años vivía otras vicisitudes que recoge el catálogo: «Sacando allí tierra de un altozano, se alcanzó a descubrir la base de un edificio, hasta cerca de un metro, que estudió, en 1890, don Inocencio Arredondo, en mejores condiciones que las actuales, pues algunas partes se destruyeron o han vuelto a soterrarse, no habiéndose publicado nada, que yo sepa, respecto de tan notable ruina. Ya de antes llamaban al sitio ‘cerro de la iglesia vieja’, quizá recordando la que un documento de 1095 nombra Sancta María de Alva; y, en efecto, parece, más bien que termas, un antiquísimo santuario cristiano».

Habría muchísimos más ejemplos, prácticamente uno en cada página de este catálogo que, visto ahora, 110 años después de haberse hecho las fotos, nos invitan a decir «¡qué guapos éramos!».
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