Esta web utiliza las cookies _ga/_utm propiedad de Google Analytics, persistentes durante 2 años, para habilitar la función de control de visitas únicas con el fin de facilitarle su navegación por el sitio web. Si continúa navegando consideramos que está de acuerdo con su uso. Podrá revocar el consentimiento y obtener más información consultando nuestra Política de cookies.
ACEPTAR
Publicidad

Primera española en abrir la temporada de La Scala

Primera española en abrir la temporada de La Scala

LNC VERANO IR

La soprano española Saioa Hernández en la ópera ‘Attila’, de Verdi. | L.N.C. Ampliar imagen La soprano española Saioa Hernández en la ópera ‘Attila’, de Verdi. | L.N.C.
Javier Heras | 07/12/2018 A A
Imprimir
Primera española en abrir la temporada de La Scala
Cultura La soprano Saioa Hernández protagoniza ‘Attila’, de Verdi, junto a Ildar Abdrazakov y bajo la batuta de Riccardo Chailly, que hoy se exhibe en directo en los cines Van Gogh
Ni Montserrat Caballé, ni Teresa Berganza, ni Ainhoa Arteta. Nunca una española había inaugurado la temporada de La Scala. Hasta ahora. La madrileña Saioa Hernández (1979) encabeza -junto al intachable bajo ruso Ildar Abdrazakov- el reparto de ‘Attila’ el día del patrón de la ciudad, San Ambrogio, 7 de diciembre. Debuta en Milán, el teatro más importante de Europa, sin haber pisado aún el Real ni el Liceu; cosas veredes… En cambio, ya se ha graduado en plazas históricas como Parma (como Tosca), Catania (Norma), Turín (Aida) o Dresde (Abigail). No teme los grandes papeles, como el de Odabella, que demanda fuerza física, agudos, dramatismo y agilidad. La producción, del turinés Davide Livermore -intendente del Palau de Les Arts hasta 2017-, se sitúa en un siglo XX distópico.

El director musical de La Scala, Riccardo Chailly, vuelve a reivindicar al Verdi de juventud después de abrir el año 2016 con Juana de Arco. Rescata la novena ópera del genio de Busseto, escrita a los 33 años, entre ‘Alzira’ y ‘Macbeth’ y muy poco representada. Y eso que al principio supuso uno de sus mayores éxitos. Vio la luz en marzo de 1846 en La Fenice veneciana, donde una muchedumbre entusiasmada lo escoltó hasta su hotel con antorchas y flores. En seguida alcanzó media Europa y hasta América.

Italia, por entonces ocupada por Austria, vio un símbolo del Risorgimento en la resistencia de los romanos contra los invasores hunos en el primer tercio del siglo V. El compositor solía escoger argumentos sobre pueblos oprimidos, como ‘Nabucco’. Aquí adaptó el drama teatral de Zacharias Werner junto con el libretista de aquella, Temistocle Solera (aunque concluiría el trabajo Francesco M. Piave). Enfatizaron el nacionalismo al incorporar escenas que no existían en la obra original, como la fundación de la ciudad de Venecia por parte de los supervivientes del saqueo de Aquilea. Incluso instigaron a la acción en arias como el Santo di patria de la soprano o el Cara patria del tenor. Algunos de sus versos se volvieron lemas («La libertad se obtiene por la fuerza»); pronto llegaría la revolución de 1848.

Sin embargo, reducir ‘Attila’ a la condición de panfleto sería una injusticia. Para empezar, huye de todo maniqueísmo. En vez de buscar el aplauso barato, convierte al rey de los hunos en un ejemplo moral. Alguien autoritario, sí, pero también noble, capaz de amar y de perdonar al enemigo. En la escena más famosa, el general Aecio le propone una alianza: que los bárbaros abandonen Italia y a cambio se queden con todos los territorios del imperio romano. Pero Atila se niega, pues le parece indigno para Roma. Los espectadores enloquecieron con el verso Resti l’Italia a me («para ti el universo, déjame a mí Italia»), como si fuese un grito de libertad; no debieron de entender que Aecio estaba traicionando a los suyos. «El sentido del deber del político, su compromiso con el Estado, son temas contemporáneos», admira Livermore.
Por otro lado, ‘Attila’ merece reivindicarse por su música. Solo un par de meses después, Verdi empezaría a trabajar en ‘Macbeth’, uno de los mayores saltos de su carrera; pero aquí ya había desarrollado notables avances: dio protagonismo a la voz de bajo, algo inédito; eliminó las fanfarrias y las marchas militares, y entregó una obertura de categoría. El violonchelo y el fagot, con un motivo descendente, pintan una atmósfera oscura: la destrucción tras la batalla. Los violines simbolizan el dolor. La orquesta, antes tan simplona, empieza a cobrar fuerza descriptiva. Por lo demás, el autor de ‘Rigoletto’ -que escribió la partitura a toda pastilla, como siempre en los «años de galera»- se ciñó a la tradición de números cerrados del bel canto, con momentos de lucimiento vocal propios de Donizetti. Eso sí, de nuevo despliega un caudal de melodías arrebatadoras, con una inspiración que nunca decae. ‘Attila’ podrá verse en directo este viernes a las 18:00 horas en Cines Van Gogh.
Volver arriba
Newsletter