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Premio Nobel para un obispo

Premio Nobel para un obispo

OPINIóN IR

30/08/2022 A A
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Premio Nobel para un obispo
Los premios Nobel siempre han aparecido como los más importantes que se puedan recibir en todos los niveles, aunque algunos como el Nobel de la Paz no hayan estado exentos de polémica con algunas extrañas concesiones. Con todo, se nos ocurre que no sería mal candidato para la próxima convocatoria el obispo nicaragüense Mons. Rolando Álvarez. Él ha tenido el valor de enfrentarse al dictador Daniel Ortega y a su esposa Rosario Murillo, denunciando los atropellos de la dictadura que presiden.

Con tal motivo se le ha privado de libertad y está sufriendo arresto domiciliario, acusado de desestabilizar el orden constitucional. Ni siquiera le han permitido celebrar la misa en su catedral. En realidad a los tiranos lo único que les preocupa es perder su poltrona. Ellos son los que atentan contra un derecho democrático tan importante como es la libertad de expresión. Pero no solo arremeten contra este buen obispo, sino que la persecución se dirige a toda la Iglesia católica de Nicaragua, a la que están cerrando emisoras y otros medios de comunicación. Incluso esta siniestra pareja se ha atrevido a expulsar de su país a las Misioneras de la Caridad, las de Madre Teresa de Calcuta, dedicadas en cuerpo y alma a los más pobres.

No es de extrañar que la Iglesia Católica resulte incómoda, puesto que es de las pocas instituciones que hoy día se enfrentan a los enemigos de la libertad y de la verdad. Es cierto que algunos han criticado al Papa Francisco porque dicen que no ha condenado abiertamente la dictadura de Daniel Ortega, pero no podemos olvidar que la diplomacia vaticana es una de las más valoradas a nivel mundial y estamos seguros de que no está parada, sino todo lo contario. Probablemente a Francisco le ocurra lo mismo que a Pío XII ante los atropellos de Hitler. Su silencio no era un silencio cobarde. El Papa lo único que pretendía era ayudar a los judíos y evitar males mayores.

Si el Obispo de Matagalpa recibiera el premio Nobel, ello ayudaría a poner en evidencia la arbitrariedad de tantas repúblicas populistas y bananeras como están aflorando en Latinoamérica y que algunos quisieran implantar en España. Pero no se lo van a dar, porque ello equivaldría a reconocer el buen hacer la Iglesia Católica. Y todo indica que la Academia sueca no está por la labor. También podrían darle el premio Princesa de Asturias de la Concordia, pero no caerá esa breva. Al menos, que no es poco, le consolarán las palabras de Jesús: «Bienaventurados los que sufren persecución por causa de la justicia…».
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