Preguntas sin respuestas

Preguntas sin respuestas

OPINIóN IR

22/01/2022 A A
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Preguntas sin respuestas
¿Se imaginan si a un abogado no se le permitiera presentar pruebas en un juicio para demostrar la inocencia de su cliente o a un médico se le prohibiera examinar a un paciente para poder realizar el diagnóstico? Pues el mismo sinsentido e incongruencia es lo que nos ocurre a los periodistas cuando acudimos a una rueda de prensa en la que no se permiten preguntas. Lo que antes era algo excepcional, ahora ya es algo cotidiano. El ansia desmedida de un gran porcentaje de nuestros políticos por controlar la información está provocando que los periodistas nos convirtamos en burdos maniquíes.

Esta semana se ha hecho viral un vídeo en el que un grupo de periodistas abandonaron una rueda de prensa de la nueva presidenta del Parlamento Europeo y del presidente de Francia al no permitirse las preguntas. Una actitud digna de elogio, aunque en honor a la verdad, hay que reconocer que otra gran parte de los periodistas sí se quedaron de meros oyentes. Esta es la encrucijada a la que se enfrenta nuestra profesión. Estoy seguro de que la práctica totalidad de los periodistas abandonarían las ruedas de prensa en las que no se permitan preguntas, pero por encima de ellos hay unos editores y gestores de medios que les obligan a cubrirlas. Esta es la explicación por la que a pesar de los intentos que se hacen desde la profesión, es muy extraño el caso en que se consiga reventar un acto público en el que se pretende que los periodistas seamos parte del mobiliario.

Es una vergüenza que se haya normalizado este ataque directo a la libertad de prensa. Pero ya no es sólo el convocar una rueda de prensa sin preguntas, sino también utilizar el comodín de ‘comparecencia pública’ para justificar el motivo por el que no se puede preguntar. Este burdo juego de trileros no sólo afecta a la profesión periodística, sino a la salud democrática de la sociedad, por lo que todos, periodistas y ciudadanos, nos jugamos mucho.

El futuro en este asunto es desolador y sospecho que, llegados a este punto, la única solución sería impulsar una ley que impidiera a los cargos públicos escapar de las preguntas de los periodistas. Es lamentable que ésta sea la única solución, pero visto lo visto, no se puede dejar en manos de la ética y compromiso con la transparencia de la clase política. No seamos ingenuos, seguirían teniendo el comodín de contestar todo, menos lo que se les ha preguntado. Pero así al menos quedarían aún más retratados y quizás, sólo quizás, usted cada vez que se encuentre delante de una urna electoral conteste con su voto a las preguntas que quedaron sin respuestas.
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