Publicidad
Prada de la Sierra: los sin patria

Prada de la Sierra: los sin patria

CULTURAS IR

Tres vecinos de Prada de la Sierra y ‘Lobo’ pasean por las calles de la localidad, cerca de la iglesia, que también permanece cerrada. | MAURICIO PEÑA Ampliar imagen Tres vecinos de Prada de la Sierra y ‘Lobo’ pasean por las calles de la localidad, cerca de la iglesia, que también permanece cerrada. | MAURICIO PEÑA
Fulgencio Fernández | 21/03/2021 A A
Imprimir
Prada de la Sierra: los sin patria
LNC Domingo Viven allí pero les niegan la condición de pueblo y sus derechos, ni luz, ni agua, ni carretera
Es muy difícil explicar (y muy fácil de entender) lo que ocurre en Prada de la Sierra, un pueblo del municipio de Santa Colomba de Somoza al que se llega desde la Cruz de Ferro atravesando 5 kilómetros por una pista forestal, con los inconvenientes que supone en un lugar que está a más de 1300 metros de altitud.

Si piensas ir a Prada y te documentas encontrarás que el gurú Wikipedia dice: «Es un despoblado español situado en el término municipal de Santa Colomba de Somoza». Si viajas a Google sobran las entradas que hablan del despoblado e, incluso, un reciente reportaje (de diciembre de 2020) que comienza así: «Conociendo Prada de la Sierra, uno de los pueblos ‘abandonados’ de León. Nos adentramos en esta localidad prácticamente en ruinas».

Y los vecinos de este lugar —que los tiene, concretamente ocho en invierno y en pocos días llegará el noveno— sentados alrededor de la estufa de la Casa del Pueblo dicen a coro: «Mentira. Ser empeñan en que no existimos pero aquí estamos, bien nos ves». Cierto.

Las paradojas son muchas. Pagan el IBI pero no tienen derecho a ningún servicio básico —ni luz, ni agua corriente, ni siquiera carretera—; viven allí, han puesto los rótulos con los nombres de todas las calles, la fuente romana, los dos ríos que atraviesan el lugar... pero no existen como pueblo, cuando van al Ayuntamiento se encuentran con que a unas familias las empadronan en el propio ayuntamiento o como «diseminados de Foncebadón», que es la fórmula utilizada con Javi, que vive en Prada desde hace tiempo con su mujer y un hijo de poco más de dos años.

- Algún misterio tiene que haber...
- Lo hay. El mismo de siempre, el dinero. Ocurre que Prada de la Sierra sería una pedanía muy rica y el dinero que genera es muy apetitoso. Así, a mano alzada, vete sumando: 10 molinos del parque eólico por los que pagan seis mil euros al año por cada uno; 1.700 hectáreas de monte arbolado en el que cada dos años se hacen talas y venden la madera, a veces cada año; suma los dineros del coto de caza y lo que pagan las vacas...

Así lo explican los nuevos vecinos de Prada de la Sierra, que comenzaron a llegar a este impresionante paraje a más de 1300 metros en el año 2011. «Desde entonces siempre hay gente viviendo en el pueblo. Se han ido algunos, vienen otros, no se puede alegar que está despoblado y abandonado».

Abandonado se ve que no. La asociación bautizada como Nueva Prada de la Sierra ha trabajado duro, han acudido al sistema más tradicional de nuestros pueblos y en hacendera y con sus medios han instalado la luz con placas solares,

han hecho un depósito de agua, han adecentado las calles, el cementerio y recuperado las viejas escuelas para Casa del Pueblo. «¿Ves esa marca a media pared, que hacia abajo todo está negro? Pues hasta ahí llegaba el abono de un ganadero que las usó como cuadra, tuvimos que sanearla entera».

Y allí funciona un centro de reunión y conversación con peregrinos y visitantes que atiende Paula, una periodista llegada desde Madrid donde trabajó bastante tiempo en la Agencia Efe. «Las cosas no están nada bien en el periodismo y aquí me encuentro muy bien», explica con un cordero entre los brazos y lamentando que también la iglesia esté cerrada, aunque fueron los vecinos quienes la arreglaron y recuperaron las campanas. «No tiene ningún sentido que esté cerrada en el entorno del Camino de Santiago. Los peregrinos pueden querer verla, rezar... o si queremos rezar nosotros mismos, los vecinos».

No tiene ningún sentido que insistan en que es un pueblo abandonado cuando se han rehabilitado quince casas «que pagan el IBI, aunque no reciban nada». No tiene ningún sentido que no le dejen ser pueblo a quien hace obras en hacendera. No tiene ningún sentido que a la sombra de un parque eólico no tengan luz pública. No tiene ningún sentido que cuando quedan aislados por la nieve les digan que no pueden ir a abrir el camino porque no son un núcleo de población...

Pero allí están. Paula llegó de Madrid con Arturo; Adolfo hizo tres veces el Camino de Santiago y cuando conoció Prada se quedó; Adolfo desciende del pueblo y sabe todo de su historia; Antonio fue el primero en regresar, en 2011; un joven de 18 años tiene allí su ganadería,  Javi tiene muchos proyectos vinculados al Camino o una granja de burros zamoranos... pero ellos «no existen».

Y al abandonar el pueblo un grito en una pancarta: «Aquí sí hay quien viva».
Volver arriba
Newsletter