Ponferradina 2 - Almería 1: 'Gesta de la Deportiva que le obliga a soñar con el cielo'

Ponferradina 2 - Almería 1: 'Gesta de la Deportiva que le obliga a soñar con el cielo'

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Yuri celebra el gol que suponía el empate frente al Almería. | LALIGA Ampliar imagen Yuri celebra el gol que suponía el empate frente al Almería. | LALIGA
Fulgencio Fernández | 21/03/2021 A A
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Ponferradina 2 - Almería 1: 'Gesta de la Deportiva que le obliga a soñar con el cielo'
Fútbol / Segunda División Yuri y Moi remontan el golazo inicial del Almería en el Toralín y colocan al equipo berciano en los puestos de fase de ascenso
Partidazo a la hora de comer. Y la Ponferradina se merendó a un Almería que volvió a ser un equipo propicio para las gestas de los bercianos, que se colocan en los puestos de fase de ascenso y obligan a los de Bolo a soñar con el cielo aunque esté prohibido decirlo.

Llegaba el Almería al Bierzo como lo que es, un equipazo para esta Segunda División, con jugadores de medio mundo, con dinero del jeque de las obras solidarias y las extravagancias… y la necesidad de ganar para mantenerse en los dos puestos que permiten el ascenso directo a Primera División, su objetivo nada oculto.

La motivación de la Deportiva, no menor, era ganar para entrar en los puestos que permiten jugar la Fase de Ascenso. Cada cual tenía su sueño. Cierto que los andaluces repetían a quien quisiera escuchar que llegaban sin su goleador, Umar Sadiq, pero también son importantes para Bolo jugadores que no estaban, como Sielva, Curro o ese Ríos Reina que pone el balón en la cabeza de los delanteros como si fuera con la mano.

El despliegue de nombres y nacionalidades de los almerienses hace temblar. Y los de Bolo a lo suyo.

Cierto que se fue haciendo el Almería con el mando territorial, pero sin que Caro se viera en excesivos apuros; mientras los de Bolo sacaban la zarpa, por ejemplo en los corners, los cinco primeros fueron una exhibición de jugadas ensayadas, todos diferentes, todos con peligro, sobre todo aquel remate de Doncel que se acabó estrellando en el poste.

Y ya en la recta final del primer tiempo llegó el único desajuste de los bercianos. El portugués Samu Costa recorrió metros con la mirada puesta en la portería, nadie le salió al paso y soltó un bombazo desde El Manzanal o por ahí ante el que Caro lo único que pudo hacer fue levantarse como un resorte para echarle la bronca a sus compañeros por no salirle al paso. El campo vacío permitió escuchar su protesta y todos le dieron la razón… la tenía.

Al descanso. Bolo algo les debió decir. Los espoleó y convenció de que había camino. Tranquilos y agazapados, viendo cómo el Almería volvía a hacerse con ‘el prao’ pero, salvo un gol en fuera de juego, sin excesiva sensación de que iban a ampliar la ventaja. Curiosamente en un contraataque se plantan cuatro jugadores del Almería con tres defensores bercianos. Se lían, por suerte, y en la contra le llega a Yuri, cambia de lado el balón para que dispare Valcarce, rebota, queda suelto y sin amo… sin amo no, cuando un balón está suelto en el área el amo es Yuri da Sousa. Y llegó el cazador, le dio como pudo y le dejaron, pero entró. El cazador cazó.

El empate, en teoría, podía ser bueno, pero no para el Almería y Bolo tramaba nuevamente algo. Gomes, el entrenador andaluz, revolucionó la mañana/tarde mostrando el tremendo poderío de su plantilla y poniendo en cancha cinco jugadores de cinco nacionalidades, promesas, internacionales… pero la verdad es que lo único que logró fue el caos mientras se hacían con los espacios.

Y los de Bolo acechaban.

El reloj apuntaba a los 90 minutos. Para el Almería no era buena jornada un punto. Bolo miraba el caos y preparaba envolventes cuando llegó el último minuto. Otra jugada por la banda, un balón por el aire y Moi Delgado, que había hecho más viajes por la banda que el coche de línea por los pueblos, enganchó una volea de jugador grande ante la que nada pudo hacer el gigante georgiano Makaridze.

Aquello volvía a oler a gesta ante el rival de las gestas. Ante el pitido final Bolo miró al cielo, ¿el de la fase de ascenso? Él dirá que no. ¿O no hay más remedio que reconocerlo?
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