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Poetas

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OPINIóN IR

10/10/2021 A A
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Poetas
El Festival Palabra ha traído hasta la ciudad de León a todo tipo de escritores y escritoras. Poetas los más. Estuve en un recital hace unos días. Como casi todo en la poesía me pareció solemne: las voces, los textos, el tono, las poses… El día siguiente, en el tren, se sentó a mi lado uno de aquellos poetas al que yo había escuchado la tarde anterior. Sacó un bocadillo de tortilla de patatas de la mochila, se lo comió, se chupó los dedos y se puso a leer un libro sin solución de continuidad.

Al hilo de la anécdota, recordé el episodio protagonizado hace años por otro poeta excelso, Premio Cervantes él, en la estación de Chamartín. Discutía airadamente con el camarero del restaurante porque la sopa que le había servido estaba demasiado fría. Y recordé a otro poeta veterano que más que comer se embebía, es decir, se emborrachaba hasta perder el oremus sin ningún pudor. Al menos Claudio Rodríguez ya venía ebrio de casa y no daba la nota en su proceso de inmersión alcohólica. Y así sucesivamente. Creo que la única poeta que he visto comer como escribe, con elegancia, es Raquel Lanseros, pero esa es otra historia.

Siempre he pensado que no hay nada más vulgar que un poeta a la hora de comer. Más aún si se perfuma con aroma de tortilla. No debieran comer en público si quieren mantener ese aire de emoción que despiertan sus escrituras y sus recitales o al menos la percepción que recibimos sus oyentes o lectores. Ya sé, ya sé que, como cantaba Enrique Urquijo, «me vuelvo vulgar al bajarme de cada escenario», pero deberían prohibirles al menos que comieran bocadillos.

Desconozco qué desayunó Silvio Rodríguez al día siguiente de que le entregaran el Premio Leteo. Me lo encontré esa mañana en la estación, a primera hora, y me pareció que flotaba. Le observé caminando por el andén hasta el tren que le devolvía a Madrid y tuve la impresión de que se trataba de un unicornio azul. La noche anterior había declarado que él no era poeta. Mintió, evidentemente. Era un poeta fingidor.
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