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Pedro Saura: "Nunca se habían visto su rostro"

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Pedro Saura acudió este jueves a Mansilla para inaugurar en el Etnográfico la exposición de fotografías sobre las expediciones que realizó a Papúa Nueva Guinea. Ampliar imagen Pedro Saura acudió este jueves a Mansilla para inaugurar en el Etnográfico la exposición de fotografías sobre las expediciones que realizó a Papúa Nueva Guinea.
Fulgencio Fernández | 01/05/2018 A A
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Pedro Saura: "Nunca se habían visto su rostro"
Fotografía Uantoks es el nombre de la exposición que este jueves se inauguró en el Museo Etnográfico de Mansilla y que recoge las fotografías de las cuatro expediciones realizadas a Papúa Nueva Guinea, el lugar donde se detuvo el tiempo
El nombre de Pedro Saura (fotógrafo, cineasta, pintor, catedrático de Fotografía en la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Complutense de Madrid...) ha quedado unido al de Papúa Nueva Guinea, país al que viajó por primera vez en 1983 y de casualidad, pues su destino era otro. Pidió una excedencia de seis meses para grabar bajo el agua la primera expedición científica española en la Antártida y no pudo embarcar por exceso de equipaje. «Había lo que se llama camas calientes, que cuando uno se levanta se acuesta el otro... y me quedé en tierra». Uno de los patrocinadores del trabajo inicial le ofreció una alternativa: un viaje por las Islas Salomón y Papúa Nueva Guinea. Aceptó, pese a que «no solo no sabía casi nada de estos países ni de sus poblaciones. Eran otros tiempos, no tenías la herramienta de Internet y las enciclopedia s al uso apena escribían unas lineas. Al llegar allí lo entendí pues todo lo que encontré fueron algunos datos de una expedición australiana en 1930, que buscaban oro... y nada más. Era un territorio inexplorado, en las llamadas tierras altas había un millón de personas que no existían, no se sabía nada de ellas».

Lo que encontró al llegar a Papúa Nueva Guinea podría definirse con muchos adjetivos, pero Pedro Saura elige el de «fascinante», una fascinación que se basa en «una tierra virgen, poblada de pequeñas tribus con una lengua propia y diferente cada una, sólo hablada, por lo que el lenguaje de gestos se convierte en el más habitual pues hablan más de 700 lenguas diferentes». Y en medio de todos ellos este murciano nacido en 1948, seguramente el primer blanco que veían, con un equipo básico de grabación y una Polaroid que fue su salvoconducto. «Hacer fotos instantáneas y enseñárselas después me abrió muchas puertas. Primero retrataba al que me parecía el jefe de la tribu y después él mismo me iba pidiendo retratarse con más gente, que solían ser los personajes importantes.». Y recuerda Saura un hecho muy curioso. «No tenían espejos por lo que en aquellas fotos era la primera vez que veían su cara, lo que propiciaba que reconocieran a los otros miembros de la tribu pero no se reconocían a ellos mismos. Ellos para pintarse se miraban en el agua negra de una charca y se veían muy difuminados, por eso al verse se reían».

Realizó Pedro Saura varias expediciones más, en 1988, en 1991 y en 1994. Se convirtió en un personaje, hasta tal punto que las dos últimas ya las hizo como fotógrafo oficial del primer ministro del país en aquel momento, Paias Wingti, al que conoció en la Exposición Universal de Sevilla.

- ¿Desde 1994 no ha regresado? ¿Fue una experiencia dura? ¿No le ha surgido la posibilidad, no quiere?
- Fue fascinante, ya lo he dicho. Aquel mundo te atrapa pero ha pasado mucho tiempo y creo que la realidad actual ya nada tiene que ver, de hecho una antropóloga norteamericana que estudia la evolución de la población de Papúa Nueva Guinea me ha recomendado que mejor no vuelva, que disfrute del recuerdo de aquellas expediciones de los años 80 y 90. Y le he hecho caso.

Uno de los cambios viene propiciado por el hecho de que, por ejemplo, la zona de las tierras altas es rica en oro, uranio y cobre, entre otros materiales, y las grandes empresas mineras han tomado la zona creando grandes caminos de tierra que comunican en línea recta la zona de extracción con el espacio logístico de distribución sin ningún respeto por las poblaciones.

Buena parte del material fotográfico y cinematográfico de estas expediciones de Pedro Saura es el que conforma la exposición Uantoks que ayer se inauguró en el Museo Etnográfico Provincial de Mansilla de las Mulas, acto al que asistió el fotógrafo, para explicar cómo era la vida en Papúa - Nueva Guinea, en el suroeste del océano Pacífico, al norte de Australia, «con una agreste geografía formada por selvas y montañas, ha permitido que las tribus que allí habitan hayan mantenido unas formas de vida que apenas se han alterado desde hace miles de años, asemejándose a la forma de vida en Europa durante el neolítico», algo que a Saura le hizo recordar su trabajo antes de la primera expedición como responsable del facsímil del techo de los bisontes de la Cueva de Altamira. «Cuando llegué la primera vez era como regresar a la prehistoria, pero con vida, con sus guerra tribales, sus armas rudimentarias...».

Recuerda que el haber llegado solo le supuso algunos contratiempos, «como que llegara la noche en medio de un bosque y se pusiera a llover», pero también le ayudó a relacionarse con los nativos. «Nada más verme se daban cuenta de que no era peligroso; además ellos interpretan el lenguaje gestual como nadie, te leen la mente»

El título de la exposición se refiere a que sus hablantes se autodenominan uantoks, derivación del inglés One Talk.

En la primera de las cuatro expediciones se dedicó a entablar contacto con ellos, a que lo admitieran entre ellos, mientras que en las otras tres se centró más en hacer fotos y grabar, en plasmar sus ritos, sus máscaras.... «Eran muy curiosos, primero te extraña que se pinten tanto hasta que te das cuenta de que es otra forma de competir pues ellos compiten por todo, y así la costumbre de pintarse es para demostrar ante la tribu quién realiza los mejores decorados en sus cuerpos. Cada tribu tiene unos colores que son como distintivos, les dan identidad; por ello, elegí sus pinturas tribales como motivo principal de mi investigación académica, de la tesis que realicé viendo estas pinturas como muestras de arte efímero».

Otra característica de sus costumbres es su afición por el trueque, por los que a Saura le venían muy bien todos los materiales que llevaba desde España. «Les regalaba una foto para que me dejaran hacer más; cambiaba un bolígrafo».

- ¿Cómo los recuerda?
- Los Uantoks siguen siendo tribus de las montañas altas tal y cómo yo los dejé. Por eso no quiero regresar.
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