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Palabras prohibidas en elecciones

Palabras prohibidas en elecciones

OPINIóN IR

04/04/2019 A A
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Palabras prohibidas en elecciones
No es momento de arriesgar. Por mucho que nos quieran vender lo contrario, las campañas electorales se diseñan con el principal objetivo de no autolesionarse. La estrategia es estar agazapado en la trinchera a la espera del error del contrincante, para en ese preciso instante lanzar toda la artillería contra aquel que se olvidó por un momento de las directrices de los ideólogos y dijo algo, que en muchas ocasiones realmente piensa, pero que por obligaciones del guión no debía pregonar bajo pena de muerte, eso sí, política.

El pánico a murmurar las palabras prohibidas que son guardadas bajo llave al inicio de la campaña provoca que cada vez más los candidatos huyan por ejemplo de los debates electorales. Excusas para intentar evitar esa situación de riesgo hay de todos los colores, pero el verdadero motivo por el que muchos futuros dirigentes se esfuerzan en driblar a ese momento potencialmente embarazoso es reducir al máximo las probabilidades de cometer un error que pueda costarle unos miles de votos. También es muy común que los primeros espadas se expongan a los medios de comunicación lo menos posible, enviando de crucero turístico informativo a los subalternos. En los mítines u otros actos donde el sentido de la comunicación es unidireccional no hay problema, pero cuando el artista es entrevistado o se topa con una marabunta de micrófonos todo se complica, ya que es cuando los siempre malvados ‘plumillas’ tienen la ocurrencia, no me digan por qué, de hacer alguna pregunta.

Si nos detenemos a pensar en esas palabras prohibidas nos daremos cuenta de que son muy variadas y que lógicamente cambian según el partido político. Independencia, Cataluña, aborto, inmigración, religión, primarias, corrupción, indulto, Venezuela, Franco, impuestos, memoria histórica, Falcon, Master o pensiones son algunas de esas palabras que están ahí pero que no deben decirse, no sea que ocurra como con el mítico Bitelchús que se aparecía al nombrarle tres veces seguidas.

Al inicio de la campaña los supuestos gurús les dicen a sus alumnos las palabras e ideas que nunca deben utilizar en todo acto público y sobre todo con un micrófono delante, pero siempre hay algún despistado que baja la guardia y nos regala un patinazo de esos que abren informativos, ocupan las primeras planas de la prensa escrita y las posiciones más destacadas de los digitales. En lo que vamos de campaña las dos más sonadas son las del amigo Iceta y las de Suárez Illana. El primero se enredó él solito con el capote ante el morlaco de la independencia catalana y fue empitonado por jugar a predecir lo que habría que hacer en el futuro si el porcentaje de los independentistas llega al 65%. Y el segundo afiló él mismo la hoja de la guillotina antes de acomodar su cabeza para ser decapitado por hacer comparaciones sobre el aborto, más propias de los neandertales que de las de un ser humano del siglo XXI. Son las dos primeras y de momento las que más repercusión han tenido, pero no se preocupen que el espectáculo todavía no ha finalizado.

Cuando esto ocurre no les queda otra que retirarse de nuevo a la trinchera ondeando la bandera blanca asumiendo el error mientras se suplica el perdón o intentar desviar la atención hacia una posible manipulación o en el mejor de los casos una malinterpretación de sus palabras sacadas de contexto. En este punto, no pueden olvidar y ellos lo deberían saber, que el mensaje importante no es el del emisor, sino el que recibe y entiende el receptor. Sea uno u otro el chaleco antibalas con el que decidan protegerse de los francotiradores rivales, lo cierto es que el daño ya está hecho y aunque intenten volver a la trinchera sin hacer mucho ruido, queda mucha guerra por delante en la que el enemigo no dejará de utilizar ese desliz en todas las escaramuzas que pueda.

Y mientras tanto, no nos queda otra salida que asumir el papel de testigos obligados de las dos tragicomedias que llegarán a su fin el 28 de abril y el 26 de mayo, por lo que compren palomitas, pónganse cómodos y disfruten del espectáculo, ya que nos guste o no, la nómina de todos esos actores la pagamos usted y yo.
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