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Palabras mayores

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20/12/2015 A A
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Palabras mayores
Esta semana presenté en Madrid ‘Palabras mayores’, el libro del periodista leonés Emilio Gancedo en el que, tras recorrer de punta a punta la geografía española, da la voz a dos docenas de ancianos cuya memoria, gracias a él, se salvará del olvido al que están condenadas las de la mayoría. En su libro, Emilio Gancedo, acostumbrado a entrevistar como periodista que es (de la competencia de este periódico) a todo tipo de personajes, les deja hablar libremente, como si su presencia le estorbara incluso a él mismo, absorto como se le ve en la escucha de lo que los ancianos cuentan. En la presentación en Madrid, Emilio Gancedo nos contó a todos que sus entrevistados hablaban tan bien (y contaban tan bien, que no todo el mundo lo hace) que se olvidaba a veces de estar entrevistándolos para un libro sobre la memoria.

Palabras mayores, título polivalente (alude a la edad de los que las dicen, pero también a la calidad de su vocabulario y de su dicción; «Mis padres no pudieron darme estudios, pero me dieron una educación», dice el tamborilero maragato que representa a León en el libro), supone, aparte de un ramillete de testimonios de ancianos cuyas memorias son la memoria de este país (después de leerlos todos uno tiene la impresión de haber leído un libro de historia de España del siglo XX), un golpe en la conciencia de una sociedad, la nuestra, que hace tiempo que se ha olvidado ya de los viejos, convertidos en muebles inservibles y arrinconados en los salones de unas viviendas cuyo centro lo ocupa la televisión o en el anonimato de las residencias. De ser el centro de las familias, los portadores de su memoria y los detentadores de una cultura que durante siglos se trasmitió de padres a hijos pero que de repente quedó truncada como un árbol muerto, han pasado a ser una impedimenta, un estorbo en una sociedad que sacraliza y venera todo lo joven y hasta en su lenguaje (viejuno es la última palabra despectiva que ha inventado) muestra el desprecio hacia los más ancianos. Que un joven periodista y escritor se haya preocupado de ellos y que lo haya hecho con la delicadeza y la calidad literaria con la que Emilio Gancedo ha trasmitido sus testimonios y sentimientos hace pensar que no todo está perdido en esta sociedad que se pretende moderna por olvidar su origen y sus raíces sin saber que es justo al revés: que original viene de origen como raíz viene de lo que se hunde en el tiempo.

Lea este libro, regáleselo esta Navidad a sus mayores, mírelos cómo lo leen y verá cómo se les ilumina el rostro, pues se sentirán reflejados en la historias que en él se cuentan. Si, además de ello, les escucha, habrá dado un gran paso en la comprensión de su propia historia, pues es heredera de la de ellos.
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