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Palabras hilvanadas con gracia

Palabras hilvanadas con gracia

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La autora Margarita Álvarez Rodríguez. Ampliar imagen La autora Margarita Álvarez Rodríguez.
Manuel Cuenya | 01/12/2021 A A
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Palabras hilvanadas con gracia
Publicaciones Manuel Cuenya habla del libro de Margarita Álvarez 'Palabras hilvanadas. El lenguaje del menosprecio', editado por Lobo Sapiens
Licenciada en Filología Románica por la Universidad de Oviedo y profesora de Lengua y Literatura durante cuarenta años en Madrid, Margarita Álvarez Rodríguez es asimismo escritora, nacida en Paladín (Omaña), que ha publicado recientemente un libro extraordinario, cuyo título es ‘Palabras hilvanadas. El lenguaje del menosprecio’, editado por El Forastero, Ediciones Lobo Sapiens.

Se me antoja una auténtica delicia para quienes sentimos devoción por las palabras, pues la palabra «no solo es el vehículo del pensamiento, es la propia sustancia del mismo», escribe Margarita en este manual de divulgación en el campo de la sociolingüística, en el cual se recogen «más de seis mil palabras y frases hechas de la lengua coloquial, que han ido adquiriendo significados connotativos y, con frecuencia, peyorativos, en su deambular por la historia de la lengua».

Un libro lleno de ciencia, de sabiduría y de conocimiento etnográfico y del uso, según el prologuista Carlos Junquera Rubio, catedrático de Etnología en la Universidad Complutense de Madrid.

La lectura de este volumen, de casi quinientas páginas, resulta amena, incluso divertida. En más de una ocasión, Margarita, que escribe de un modo sencillo aunque con hondura –que es como uno cree que debería escribirse–, nos arranca la sonrisa con sus diversas expresiones relacionadas con los libros y la literatura: «A un famoso político se le ha llamado Bambi por su aparente carácter apacible y cándido. Y de la misma persona decía el filósofo Gustavo Bueno que era el pensamiento Alicia». Recoge expresiones tomadas de la ‘Biblia’, ‘la Ilíada’, ‘Edipo Rey’ y ‘Electra’, ‘el Quijote’, ‘El Decamerón’, ‘Lolita’, entre otras; expresiones relacionadas con la lengua, «organismo vivo y muy creativo, que evoluciona a veces de forma insospechada», como ocurre, por ejemplo, con su romance a la EÑE, «eñe de coño y de coña, eñe de guiño y de peña... tiene ñalgas y ñegrales, tiene ñisgo y ñorabuena...». O bien cuando arroja luz sobre las sombras en capítulos que abordan el sexismo lingüístico.

La lengua, en su opinión, es un código y como tal cumple una función y no es sexista, otra cosa es el uso que hagamos de ese código, que sí puede serlo. En el libro se aportan unos cuantos ejemplos tanto de sexismo social como de sexismo lingüístico.

«¿Discrimina realmente el masculino genérico?», se plantea la autora. «Desde una perspectiva meramente lingüística no parece que eso sea así, pues el masculino es el género no marcado, salvo que la discriminación esté en la mente del hablante o del receptor», señala, consciente de que el género gramatical tiene poco que ver con el sexo.

«Somos los hablantes los que, llevados por prejuicios previos, damos sentido sexista a expresiones que en sí mismas no reflejan sexismo lingüístico. Si oyéramos decir, por ejemplo, que los maestros de Primaria están en huelga es posible que nos imagináramos un conjunto de mujeres, siendo el término masculino, pero si dijéramos lo mismo de los catedráticos de universidad, es probable que nos imagináramos un conjunto de hombres... El lenguaje inclusivo e igualitario no se consigue solo, ni parece que sea la mejor forma, con esa obsesión por el desdoble del género gramatical: ciudadanos y ciudadanas, trabajadores y trabajadoras... Mejor sería el uso de términos de tipo abstracto o colectivo, pero que a veces tampoco parecen los más adecuados por no ser nada habituales en el idioma en el sentido en que se utilizan», escribe la autora de ‘El habla tradicional de la Omaña Baja’, al tiempo que añade: «La lengua siempre ha tendido a la economía lingüística y este ha sido uno de los motores fundamentales de su evolución. Por tanto, es absurdo ese desdoble, porque va contra la lógica del propio idioma, y además es cacofónico».

Insiste Margarita Álvarez en que la sociedad no cambia porque hagamos cambios artificiales en el lenguaje, «la sociedad y la concepción de la mujer cambian desde la familia, desde la escuela y desde la legislación... Es la sociedad la que modifica las lenguas, y no al revés», puntualiza, convencida de que una clave fundamental para cambiar estas formas de discriminación es la educación, a sabiendas de que «el idioma solo es un fiel reflejo de lo que somos».

Cambiemos, según ella, los pensares, sentires y vivires y en la lengua, de manera natural, irán cambiando los decires, porque el idioma está ahí, vivo, y dispuesto a incorporar las novedades que la sociedad proponga, siempre que estas no destruyan el propio idioma y le impidan responder a su finalidad fundamental: la comunicación.

Interesante y lúcida propuesta la que nos ofrece en su libro, recordándonos, con humor y claridad, todas esas expresiones que utilizamos con más o menos tino en el lenguaje coloquial en diferentes materias y asuntos, a saber: la lengua y la literatura, las matemáticas y la música, el cuerpo y los sentidos, la cocina, el carácter y el comportamiento, los oficios, la etnia, el campo, el entretenimiento... la enfermedad y la muerte... la religión, el género y el sexo..., con especial atención a las expresiones que implican menosprecio, los llamados disfemismos.

Nos advierte Margarita de que todas las palabras son importantes, pero hay tres que para ella son esenciales, por su significado y su rotundidad. Se trata de tres monosílabos cargados, a su juicio, de sentido y trascendencia: sí, no, yo. «Sí: a la vida, a la paz, a la salud... No: al hambre, a la intolerancia, a la injusticia... Y me gusta también yo, no como símbolo de engreimiento o de individualismo, sino como una forma de marcar personalidad...», precisa la creadora del blog De la palabra al pensamiento: http://www.larecolusademar.com, que reivindica sobre todo dar las gracias, porque de bien nacidos es ser agradecidos. Por tanto, te agradecemos, Margarita, que nos hayas obsequiado con este baúl de palabras, entre las que abundan los disfemismos o expresiones con matiz peyorativo, que nos invitan a pensar, a reflexionar... a ser, «la palabra más grande del idioma», según nos cuentas.

«Es más que tener, es más que estar, es más que parecer...», afirmas tú, que naciste en medio de dos lenguas: leonés y castellano, dos lenguas maternas que han acariciado tu espíritu, tu alma, dejándote huella.

Seamos, pues, seamos personas, ante todo... personas a través de las palabras, de estas palabras hilvanadas que nos permiten seguir pensando y sintiendo.

‘Palabras hilvanadas. El lenguaje del menosprecio’ se presentará en Madrid el próximo 10 de diciembre, en la Casa de León, y en León, el 22 de diciembre, en el salón de actos del Ayuntamiento (calle Alfonso V).
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