Debe tenerse también en cuenta que el cambio climático ha favorecido mucho las tierras leonesas, ahora subtropicales en temperatura, humedad y efectos meteóricos. Páramo y cordillera, riberas y hoyas han sido poblados a la carrera por gentes huidas del sofoco y las dichosas danas. Nos beneficiamos cuando no hay más opciones, ese sí es un rasgo de identidad.
Entramos en la conruración Cistierna-Mayorga dejando a nuestra izquierda el terraplén de skate ‘Canal de los Payuelos’, y a la derecha el Centro de interpretación del lobo ibérico ‘Suarez-Quiñones’. Hay mucha exégesis y mucha cosa desaparecida por estos lares. Nuestra llegada coincide (o estaba previsto por la agencia de viajes futuristas) con la ‘Fiesta del confinamiento’, jolgorio efemerístico de honda raigambre, según informa el cartel anunciador. Cuenta con baile de mascarillas y mascarillada. También con la famosísima ‘balconada’ o Vigilia de balcón, en la que se aplaude a cascoporro y se lanzan berridos sin conocimiento pero con mucho y desafinado volumen desde balconada o ventana, sin pisar la calle. El fin de festejo incluye ruptura de la distancia social y un mask-less multitudinario regado con espirituosos de la zona consumidos obligatoriamente en terraza (no hay servicio en barra por razones que el personal desconoce, pero se dicen muy tradicionales). A continuación, carreteras locales y caminos vecinales se llenan de vehículos camino de los encantos de la ciudad: comienza el mes más vacacional, es primero de agosto.
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