El pasado sábado, en este mismo espacio, recomendé a Zapatero que se dedicara a preparar su defensa o su fuga a un país sin tratado de extradición. Y esta semana, poco después de que la justicia le imputara los delitos de organización criminal, blanqueo de capitales, tráfico de influencias y falsedad documental, hemos sabido que antes de la notificación del auto ya había hecho las dos cosas: contactar con su abogado Víctor Moreno Catena (un viejo e indecoroso catedrático al que también deberían imputar por perpetrar el horrendo tratado de Derecho Procesal que me hicieron embaularme en mis años de estudiante), y adquirir un billete a Venezuela para un vuelo que despegaba pocas horas después del estallido de la noticia. No me digan que no cabe pensar que ZP leyó La Nueva Crónica y se apresuró a seguir nuestros consejos.
Con todo, lo sorprendente y novedoso ha sido que un juez se haya atrevido a imputar a un expresidente y, sobre todo, que haya podido llevarse a cabo, en una España gobernada por el PSOE, una investigación tan compleja y minuciosa sin que el Sanchismo haya sido capaz de boicotearla. Por el contrario, que Papes estaba metido en líos era algo que todos sospechábamos. Incluso usted, que, aficionado a la ciencia ficción, prefiere no escuchar otra cosa que no sean las narraciones fabulosas de El País, la Ser y Televisión Española, sabía que detrás de los servicios que Zapatero prestaba al régimen venezolano había pastaza, no me diga que no. Quizá no imaginaba que se lucraba del tráfico de oro, petróleo, divisas, presos políticos e influencias, ni le veía capaz -bien por creerle honrado o bien por considerarle un poco cortito- de montar una trama internacional de la envergadura de la que detalla el juez Calama. Pero que, tras sus amistades con todo el chavismo narcotraficante, torturador y asesino, había pastaza de la gruesa era algo que estaba en la mente de todos.
Por si nos sigue leyendo daremos a ZP otro consejo para esta nueva etapa de su vida: colabore con la justicia. Me temo que su nombre y el escaso honor que le quedaba ya no tienen arreglo, pero puede que estemos a tiempo de salvar a las niñas.
Ah, y que no se me olvide, a todo lo dicho añadan lo de «presuntamente» (hay que fastidiarse).