Imagen Juan María García Campal

Yo con Suetonio y Voltaire

10/02/2016
 Actualizado a 17/09/2019
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Aveces este país parece habitado por imitadores del gran franquista, Girón de Velasco, en su enquistada ‘revolución pendiente’. Y claro, así las cosas, no es de extrañar que, a mínima oportunidad que tengan, algunos se pongan a ella, vía títeres o vía auto judicial. Y sí, después de leer y escuchar estos días las varias interpretaciones y tomas de posición con respecto a la polémica montada por la prisión incondicional dictada por el juez Moreno Chamorro contra los titiriteros Alfonso Lázaro y Raúl García por el contenido de su obra La Bruja y don Cristóbal, de buscar el mayor número de referencias sobre el mismo, así como de leer el auto completo que dicta tal prisión incondicional, sigo pensando lo mismo: nos falta, por doquier, mesura, por no decir una mínima dosis de sentido común.

Obviando el desafortunado hacer de la concejala de cultura del Ayuntamiento de Madrid y su programador cultural que primero la programan para las 17 y 19 horas y todos los públicos y después, a las 16:34 rectifican y especifican que es para adultos, me preocupa más la que estimo falta de mesura y sentido común de los titiriteros, que viendo que su público es mayormente infantil siguen adelante con su representación, así como la del juez de la Audiencia Nacional. ¿Por qué? Porque estimo que su apreciación de que la aparición de una «pequeña pancarta» (auto dixit) con el lema ya sabido, y aun cuando según «los propios investigados han manifestado en sus declaraciones judiciales la expresión Alka es un ‘juego de palabras’, referido a Al-Qaeda, por lo que la traducción del contenido de la pancarta o cartel exhibidos viene a significar» (auto dixit) lo que significa, pueda considerarse un delito de enaltecimiento del terrorismo es muy cogida al pie de la letra o por los pelos y sacándola de su contexto de ficción, y aún menos entiendo que en su auto cite tan sólo una vez más esta circunstancia que «el ahorcamiento de un guiñol vestido de juez, el apuñalamiento de un policía, y la violación de una monja (que en realidad es la bruja) y el apuñalamiento posterior con un crucifijo» que, sin duda, pertenecen al mundo de la ficción.

De excesos y defectos de celo, como de gustos hay mucho escrito aunque se diga lo contrario, por eso prefiero orientarme por los clásicos; por Suetonio Tranquilo y su «en un estado verdaderamente libre, el pensamiento y la palabra deben ser libres» y por Voltarie y su «no estoy de acuerdo con lo que dices, pero defenderé con mi vida tu derecho a expresarlo».

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