Secundino Llorente

Ya es hora de tomar en serio el acoso escolar

06/11/2025
 Actualizado a 06/11/2025
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Hoy, día 6, como todos los primeros jueves de noviembre, se celebra el Día Internacional contra la Violencia y el Acoso en la Escuela. Ya va siendo hora de que el mundo reaccione ante este desastre. Las cifras son dramáticas y espeluznantes. Hoy el bullying está en el centro de la preocupación de familias y colegios. El acoso escolar tiene un impacto duradero en el bienestar físico y emocional de quienes lo soportan. En España, uno de cada diez niños lo sufre y alrededor de 200.000 jóvenes, de entre 14 y 28 años, se suicidan al año en el mundo por sufrirlo, según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS). ¿Ustedes se dan cuenta de la magnitud de esta tragedia? No hay guerra, ni atentado, ni terremoto que llegue a ese número. Mi opinión es que no se le ha dado aún la importancia que realmente tiene. 

Empezaré relatando dos suicidios recientes por acoso. Uno en Francia, como podía ser en el Bierzo o en la Conchinchina. Con el mismo formato y perfil de los miles de casos de este tipo: «Lindsay, una niña de 13 años residente en la ciudad francesa de Lille, se quitó la vida tras sufrir un acoso diario de mofas y humillación por parte de sus compañeros del colegio». El caso ha conmocionado a toda Francia. La niña, antes del suicidio, dejó una desoladora carta de despedida dirigida a sus padres. La familia de la fallecida ha presentado una denuncia contra la dirección del colegio y el abogado de los padres señaló: «Si todos hubieran hecho su trabajo, Lindsay estaría viva». Otro suicidio hace 15 días en Sevilla: Sandra Peña, de 14 años, llevaba mucho tiempo sufriendo el acoso de tres compañeras de su colegio, las Irlandesas de Loreto de Sevilla. La niña confesó en casa la angustia que le generaba ir a clase, por lo que la madre fue a quejarse al equipo directivo. El colegio no hizo lo suficiente. Imagino la angustia de Francisco de Paula, el director del colegio, por su torpeza. El pasado 14 de octubre, al salir de clase, le niña no aguantó más y se precipitó desde un balcón en la calle Rafael Laffón de Sevilla. La noticia abrió todos los telediarios de España. El resumen final es el mismo del caso anterior: «Si todos hubieran hecho su trabajo, Sandra estaría viva». Podrán cambiar los detalles, pero lo esencial aparece siempre en estos procesos de acoso con suicidio: una niña o un niño humillado por uno o un grupo de chulos y matones; todo el centro conoce esta situación, pero se lo callan; los niños y las familias acosadas se quejan y lo denuncian; nadie les hace caso y ven como única salida el suicidio. La frase final siempre es la misma: «Esta muerte se podría haber evitado». ¡Qué pena y qué tristeza! 

Siempre he defendido que todo acoso escolar finaliza a los cinco minutos de ser conocido por el equipo directivo. Lo importante es romper el silencio y encontrar un atajo fiable para descubrirlo. En nuestra experiencia directiva tengo que agradecer la ayuda de las juntas de delegados. Si el director de un centro escolar hace ‘piña’ con los delegados y se gana su confianza, podrá contar en cada clase con dos ojos que le comunican todo lo que sucede en el grupo. Cualquier sospecha puede ser suficiente para evitar una tragedia. Nuestro objetivo era que nadie sufriera por culpa de los compañeros. Si los delegados, al primer asomo, se lo comunican al director, el problema está resuelto. Así de fácil. Sé que alguno de mis lectores opina que esto no es así de sencillo y que el problema es mucho más profundo. Que no son los profesores sino los padres los primeros que deben dar protección y seguridad a sus hijos. Valoro positivamente esta opinión, pero sigo apostando por mi posición tajante: Los directores de colegios o institutos pueden salvar muchas vidas. El acoso se alimenta de silencios y se muere al descubrirlo. Voy más lejos aún: Una vez que se conoce el acoso, si nos ‘lavamos las manos’, nos convertimos en cómplices y culpables. Si un director minimiza cualquier caso de acoso escolar, ocultándolo o negándose a abrirlo, porque, según él, es sólo «cosa de niños», está prevaricando. Y eso es grave. 

Sí, queridos lectores, en este día dedicado al acoso, yo quiero gritar muy alto y que me oigan todos. No podemos seguir con los brazos cruzados y, sobre todo, no podemos seguir ‘callados’ y siendo cómplices de la muerte de tantos jóvenes en el mundo, entre 14 y 28 años, cuando están empezando su vida, y sólo por someterlos con insultos, difamaciones, amenazas, chantajes o golpes que provocan su aislamiento. Para mí, que he pasado muchos años en la dirección de un instituto, el máximo responsable es el director, porque cuenta con muchas armas para cortarlo de raíz. Estoy convencido de tres premisas en este asunto: «Es imposible que en un centro educativo nadie se entere de que un niño está siendo acosado». «Los acosadores escolares pueden llegar a ser crueles, pero son muy niños y debería ser fácil anularlos a esas edades». «Y el acoso escolar existe porque lo permitimos». Ya va siendo hora de tomarlo en serio.

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