Alfonso Martínez color

¿Y ahora qué?

13/08/2026
 Actualizado a 13/08/2026
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Es la gran pregunta que todos nos hacemos este jueves. ¿Y ahora qué? ¿A qué vamos a dedicar los días que quedan del tedioso mes de agosto? Después de más de un año de preliminares para poco más de un minuto de placentero coito entre el sol y la luna, no acierto a vislumbrar lo que puede ocurrir para que seamos capaces de olvidar el eclipse que nos hizo olvidar la crisis migratoria que sufren nuestros compatriotas ceutíes y que a su vez nos había hecho olvidar la polémica del ático de Ayuso, que a su vez nos había hecho olvidar el drama de los incendios forestales que siguen arrasando el medio rural de este nuestro terruño, que a su vez nos había hecho olvidar la retahíla de los casos de corrupción o lo malos que son los pactos entre la derecha y la extrema derecha española y lo buenos que son los de la izquierda con la extrema izquierda, con la extrema derecha catalana y vasca e incluso con los herederos del tiro en la nuca y la bomba lapa. O viceversa.

Que estemos emocionados, cual rebaño de ovejas modorras, porque la luna no nos deje ver el sol cuando llevamos años y años sin que el dedo nos permita ver la luna dice mucho de nuestra memoria piscícola y de las anteojeras homologadas que llevamos puestas para que no podamos mirar a los lados, para que no nos salgamos del carril, para que los nuestros sean siempre los buenos y los otros sean siempre los malos. Así nos va, pagando cada vez más impuestos para mantener un armatroste administrativo diseñado para que siempre se pueda echar la culpa al de arriba o al de abajo en función del color político en lugar de para repartir de forma meridianamente clara las competencias que tiene cada uno a la hora de resolver los problemas reales que tiene la gente.

Un ejemplo. Todos tienen algún tipo de responsabilidad en materia de vivienda y resulta que se mantiene como una de las principales preocupaciones de los españolitos de a pie pese a que vaya siendo eclipsada por maniobras de distracción, polémicas y tragedias, ya sea una pandemia, una dana, un incendio forestal o un accidente de tren. ¿Se ha preguntado alguna vez, avezado lector, por qué nada funciona como debería cuando sucede algo realmente grave y ello deriva siempre en trifulca?

Otro ejemplo. ¿Se ha preguntado alguna vez, avezado lector, a cuánto asciende el gasto administrativo que supone la llegada de un euro de inversión real a este nuestro terruño a través de los fondos europeos? Los funcionarios de la administración comunitaria transfieren la tela a los de la estatal, que a su vez se la transfieren a los de la autonómica, que a su vez se la transfiere a los de la local... Así todos sus jefes pueden apuntarse el tanto como si el dinero fuera suyo y no nuestro.

Pero bueno, creo firmemente que nada de esto va a cambiar, así que vale más dejarlo ‘pa prao’ o aplicar la máxima de uno de mis profesores cuando daba las notas en voz alta y llegaba a los casos perdidos: cero al cociente y bajo la cifra siguiente.

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