Cristina flantains

Walk on the Wild Side ( Lou ReeD)

06/05/2026
 Actualizado a 06/05/2026
Guardar

¿Qué es la verdad? La historia del pensamiento de la humanidad ha vertido ríos de tinta sobre este concepto desde «hace mucho, mucho tiempo…».   Se han descrito tantos tipos de verdad y todos sujetos a una variedad de peculiaridades tan nutrida que a nada que una profundiza un poco, no le queda más remedio que pensar que, en verdad, llegar a la verdad no es un hecho constructivo, sino más bien disuasorio por el tremendo trabajo intelectual que cuesta. Situación extraña esta; parece que o no hay naturalidad en la verdad o no la hay en nosotras como receptoras de la misma.

A lo mejor, lo que en realidad está pasando es que no hemos sido construidas para disfrutar de la manifestación de tal concepto y que la verdad de las verdades es que nuestro último fin es dar soporte a la realidad de nuestras contrarias: aquellas que sí viven en un mundo en el que la verdad es algo ineludible, evidente, incuestionable… Por muy compleja que sea. Un mundo fuera de nuestro alcance por lo lejísimos que está, en el otro confín del universo, o de la existencia. En el reverso, después de la cara oculta de la luna o quién sabe si en el mítico paraíso, donde habita el Árbol de la Vida y su maldita manzana, allí, en aquel ridículo paraje llamado Edén, lleno de Evas que desnudas y descalzas van por el mundo adelante.

De tal manera que solo seríamos capaces de explicar esta existencia donde la verdad es inalcanzable desde la hipótesis de ser el soporte de todo lo contrario; aquella realidad en la que los seres que la habitan son capaces de discernir la verdad sin complicación y es su naturalidad.

La teoría de los contrarios.Qué triste destino sería este si fuese cierto. Yo solo me he encontrado frente a frente con la verdad una vez en mi vida.

Corría aquel tiempo tremendo de la pandemia. A las seis de la tarde, mientras en las ciudades aplaudían desde las ventanas, nosotros tocábamos las campanas. Todos a una. Si subía hasta el paraje de la laguna, oía las de Santa María del Condado; siempre eran las primeras en sonar. Bajaban a la ermita del valle dos mujeres a tocarlas. Oía las de Castro del Condado, que las tocaba Alex; las de Vegas era Simo, Juan en Villafruela, Deo en San Vicente, Jesús en San Cipriano… Desde Santa María del Condado casi hasta el Puente Villarente, los pueblos se manifestaban en un gesto que no dejaba lugar a dudas mientras duraba.  Después de aquellas jornadas en las que todo eran terribles noticias y donde la soledad y el desvalimiento nos aguijoneaban sin compasión. Sentir aquel clamor discreto que se derramaba valle abajo arrancaba al corazón una emoción intensa. Aquel tañer era la evidencia de que seguíamos allí, aunque en un mundo a punto de quebrarse. Volvía a casa bajando por el valle para alargar el regreso lo máximo posible, todavía atrapada por la emoción que bombeaba esperanza en el ánimo a golpe de badajo. Embebida en una incertidumbre de la que no era capaz de apearme y que cada vez me aterraba más. Nunca en mi vida había dudado del futuro, de su infinitud, hasta entonces. Nunca la sensación de banalidad había sido tan desgarradora. Nunca había sentido tantas dudas sobre la veracidad del mundo. Qué tremenda la presunción de haber desperdiciado la vida ingenua e irresponsablemente en un juego de abalorios que era puro artificio.

Y de pronto la vi: emergía del suelo una Ophrys apifera (orquídea abeja), delicada y chiquitilla. Entre las briznas, ajena a todo. La abeja que se dibujaba en su pétalo no dejaba lugar a dudas. Fue ella la primera que me habló de la verdad. Si dos seres tan distantes éramos capaces de confluir en el mismo concepto con idéntica objetividad, era porque aquel era una verdad contundente. 

La abeja era verdad… una certeza en una inmensidad de dudas. Un punto de partida. La prueba evidente de que yo sí era un receptor válido. No necesité recurrir a la historia del pensamiento para dilucidar que aquello era cierto. Fue una confidencia exquisita. Un tête-à-tête entre dos seres que ocupan el mismo escenario. Quizá la verdad no habita en el mundo de las ideas y hay que buscarla allende el corazón, como al amor.
 

Archivado en
Lo más leído