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Vuelven las ‘calcamonías’

08/05/2016
 Actualizado a 13/09/2019
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'Calcamonía’ es una de esas palabras mágicas que sirve para todo. Decía Sidoro cuando te veía pasar camino del Ayuntamiento y parabas a echar un vino que te aliviara el trago:«Si te vas a meter en papeleos ya te advierto de que al final te falta una calcamonía».

Oye, y te faltaba, el petimetre de Hacienda le llamaba timbre pero aquello era una calcamonía pues por más que le apretabas aquello no sonaba, y si era un timbre... por lo menos en la mi bicicleta.

Ahora, con el fracaso de Mariano de no convencer a los otros de que había algo que les unía a todos y era una base muy sólida, «bajar el IVAde las chuches», parece que no hay más camino que volver a ver todas las paredes llenas de calcamonía con paisanos que se ríen (de nosotros, imagino). «No queda sitio ni para la calcamonía de Aznar el chico, que se acomoda a cualquier rincón», dicen los amigos del cabronicio, que no son pocos.

Pero la gente se defiende sin escupir, que podía, anda que no tendrán motivos. Pero no, ellos dejan en el aire frases como las de las calcamonías o palabras que escuecen. Hay una pared casi en ruinas de un viejo edificio, que se mantiene a duras penas, y alguien ha pintado allí con faltas de ortografía, para que no le echen la culpa al maestro:«Cáete cabrón, que el señorito se quiere hacer un chalet». Ysólo le falta una calcamonía para que la tiren.

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