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A vueltas con el Esla

22/04/2026
 Actualizado a 22/04/2026
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Todas las aguas de León que no van al Sil, o al Cantábrico, terminan siendo recibidas por el Esla, el gran río de la provincia. Va recogiendo aguas de esa cadena de ríos que, arrancando de la cordillera cantábrica y creando valles en busca del sur, se le rinden y terminan, de modo directo o indirecto, en él: el Curueño, el Porma, el Torío, el Bernesga…

Acude ahora a mí, porque, en un volumen facticio, con varios trabajos encuadernados en el mismo volumen que cayó en mis manos hace unos días, no pocos de ellos publicados por el ‘Boletín de la Real Sociedad Geográfica’ (publicación a caballo entre los últimos lustros del XIX y primeros del XX), me encontré con un texto sobre este río, obra del ínclito clérigo Antonio de Valbuena.

Se titula su exposición ‘Sobre el origen del río Esla’. Y fue una conferencia dada por el autor en la Sociedad Geográfica de Madrid el 13 de junio de 1893. Aunque no sería publicada hasta 1901, en el tomo XLIII del Boletín de la Real Sociedad Geográfica.

Aparte de trazar su itinerario, con relativos pormenores, desde su origen a la desembocadura, indica cómo siendo el Esla uno de los ríos mayores de España, «después de los seis principales que llegan al mar», no es tan popular ni tan celebrado como otros ríos menores.

Y cita dos motivos para que el Esla sea un río relativamente olvidado: no existe a sus orillas «ni una sola población de importancia», siendo, en definitiva, un río campestre, ni, debido a ello, los escritores lo han cantado, como les ha ocurrido a otros ríos de menor enjundia.

Al leer este segundo motivo, acudió enseguida a nuestra memoria la referencia que realiza sobre el Esla el escritor portugués Jorge de Montemayor en su novela pastoril ‘Los siete libros de Diana’ (h. 1559), cuya acción campestre y bucólica, sí, transcurre a orillas del Esla y que el autor ubica con estas palabras: «En los campos de la principal y antigua ciudad de León, riberas del río Esla».

Y acudió todavía a mi mente otra obra, de hace unos lustros, ‘Los caminos del Esla’, un libro de viajes, siguiendo el curso del río, obra de los narradores leoneses Juan Pedro Aparicio y José María Merino, publicado en 1980, si la memoria no nos falla.

El Esla, con todo, es un río en torno al cual diversas comunidades campesinas han ido tejiendo sus respectivas culturas tradicionales. En su fase naciente y primera andadura, desde las cabeceras y Riaño hasta Cistierna, la Montaña Cantábrica o Montaña Oriental leonesa.

De Cistierna a Mansilla de las Mulas, hay otra cultura tradicional de ribera, en la que hemos indagado especialmente y sobre la que hemos publicado diversos trabajos y obras (particularmente de la comarca de Rueda), que tiene un gran interés.

Y luego tendríamos una tercera área leonesa del Esla que iría de Mansilla de las Mulas a Benavente, con el paso por una villa importante, como es Valencia de Don Juan, también con su cultura campesina de interés.

En el verano de 2024, dimos una charla en Vidanes, en el salón de la antigua escuela, sobre ‘La vida tradicional en la ribera del Esla’, invitados por una asociación del pueblo y, particularmente, por la profesora Mª Ángeles Reyero, una de sus dinamizadoras, en la que expusimos algunas claves de tal cultura tradicional.

¿Cuáles? Hablamos sobre el Esla como eje vertebrador de la cultura campesina de esa área leonesa; sobre los molinos de aceite, de linaza, los batanes; sobre las ‘canaliegas’; sobre leyendas y tradiciones orales en torno al río; sobre localidades desaparecidas; sobre ermitas y enclaves sagrados; sobre las campanas; sobre las antiguas marzas, en Horcadas y en Gradefes; sobre representaciones navideñas; sobre fiestas y celebraciones…

En fin, sobre todo aquello que tiene que ver con las culturas campesinas, tanto en sus aspectos materiales como inmateriales, sagrados y profanos, laborales y festivos… para desentrañar cómo en torno al Esla, como eje vertebrador, hay (hubo) una cultura campesina de un gran interés.

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