León ha asistido durante demasiados años a una mezcla insoportable de promesas, improvisaciones, informes tardíos y decisiones fallidas sobre Feve. Ahora surge una alternativa que, al menos sobre el papel, parece más rápida, más barata y más realista que otras aventuras tecnológicas vendidas casi como propaganda. Y eso debería provocar dos reacciones inmediatas: esperanza entre los usuarios y vergüenza entre quienes han dejado pudrirse este asunto. Resulta difícil no preguntarse cuántos años se han perdido por la incapacidad de las administraciones para tomarse en serio una infraestructura básica para la movilidad urbana y metropolitana. Si esta solución es viable, debe impulsarse ya. Y si no lo es, también debe explicarse ya. Lo insoportable no es el debate técnico, sino el abandono crónico de una ciudad acostumbrada a esperar demasiado. A estas alturas, el verdadero reto no es técnico, sino político. Porque León ya no necesita más anuncios ni nuevas etiquetas para viejos proyectos, sino una decisión firme, un calendario creíble y, sobre todo, la voluntad de cumplirlo. Todo lo demás será seguir dando vueltas en círculo mientras la ciudad continúa esperando un tren que, más que llegar, parece condenado a no salir nunca.
Vuelta de tuerca para Feve
21/04/2026
Actualizado a
21/04/2026
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