20/04/2026
 Actualizado a 20/04/2026
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Habrá que volver a rezar. No nos queda más remedio. Y no aquello de «Señor, llévame pronto» que más que un rezo era un gemido. Se trata de disponer de algo contra la insensatez humana, que en estos tiempos, parece haberse instalado en las alturas, lejos del alcance de nuestros votos, muy lejos de nuestra influencia sobre ellos. Me refiero a los actuales dueños del universo: Putin, Xiximpin, Trump, y todos esos.

Consciente de que nos faltan dioses creibles a quienes rezar, no queda más remedio que, unificarlos todos en un UNO, al cual hemos de suponer influencia sobre todos los demás, y guiado únicamente por la bondad y el amor. Solo así podremos volver a creer en que la humanidad aún tiene una salida digna que la aparte de este camino de destrucción y de locura.

Cada día que pasa, la tierra va resultando un lugar tan hermoso que los seres humanos no somos capaces de apreciar, y que las modernísimas herramientas de las que disponemos, no sabemos emplearlas en seguir profundizando en el descubrimiento de la naturaleza, sino en habilitar herramientas cada vez más letales para destruirla. Y no podemos seguir así. Antes teníamos a los dioses, que, por encima de todo, acudían  en nuestra ayuda  cada vez que escuchaban nuestras plegarias. Ahora, hemos prescindido de eso y el Sr. Trump, por ejemplo, ha tenido que inventarse que es Jesucristo y en una imagen de IA aparece viniendo a sanar a un perdido.

Pero hubo tiempos en los que todo se arreglaba rezando. Y las almas sufrirían lo mismo y unas irían al cielo y otras al infierno, según cada una, pero es que ahora, tal como están las cosas, irán todas al infierno si no rezamos. Hay, pues, que regresar a aquello: «El alma sin oración es como huerto sin agua, como sin fuego la fragua, como nave sin timón» Hay que volver a confiar en los dioses. Desde Homero para acá todo lo solucionaron ellos. 

Estos patanes de ahora, que gobiernan sobre un mundo de descreídos y mastuerzos. no nos llevarán por ningún camino  de salvación: pues ni siquiera se lo proponen.

Los dioses, sí. Los dioses son ellos los primeros en creerse capaces de intentar y conseguir que los humanos terminemos todos en el cielo. Y la osadía del hombre que ha sido tan ingenuo de disputarle la razón al mismo Papa, emisario de lo alto, no hace sino confirmar que hemos de abandonar nuestra confianza, no solo en estos elegidos terrestres, sino también en quienes los eligieron. Oremos, pues, hermanos, y roguemos a los dioses. Y,  paciencia.
 

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