Empezó a convertir los mítines en un ‘spoiler’ del siguiente Consejo de Ministros. Había programado el presidente con meticulosidad los anuncios de ayudas y regalos (distribuidos por caladero de votos) quizá también como única forma de convencer a los barones, alcaldes y candidatos socialistas para que le hicieran hueco en la foto ahora que el sanchismo cotiza a la baja. Tenía la pedrea repartida cuando Bildu presentó sus listas insulto, sus papeletas humillación y candidaturas de sangre.
Es curioso aunque predecible ver cómo le pagan los socios a Sánchez tener el favor del gobierno. Otegi dinamita la campaña rectificando con esa misma media sonrisa macabra con la que ya ridiculizaron los independentistas la estrategia de concordia en Cataluña. La reconciliación es para el presidente que el asesino condenado de tu padre, orgulloso y sin arrepentimiento, acabe siendo tu alcalde. Así se deforma la democracia para arrodillarla al terrorismo. Porque después de este vergonzoso episodio Sánchez en vez de romper puentes con Bildu “espera poder seguir contando con su apoyo”. Los desperfectos del empecinamiento son incalculables y cada vez hay más socialistas aterrorizados. Decía Óscar Puente: «Qué tengo que ver yo con ETA» para desmarcarse de su secretario general. Nada tenía que ver el PSOE con ETA cuando se situaba frente a los asesinos y combatía su legado de sufrimiento. Todo cambia con este silencio cómplice mientras pisotean las tumbas de las víctimas.
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