25/10/2026
 Actualizado a 25/10/2026
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Y tú, sin huerto en la Candamia ni torre de Montaigne, ¿a qué te vas a dedicar? Pues mira, si tienes afición por leer, pintar, escribir, estudiar… tienes la mitad de la vida ganada, llena, resuelta. Esas son actividades refugio, un aval seguro para tu integridad y tu equilibrio: no te librarán de la muerte pero te salvarán de la vida, tan peligrosa o más que aquella. Si además te gusta correr, caminar al menos, la bici, ejercicio y/o naturaleza… resuelta la otra mitad y la salud. Fuera gimnasio (hernias, contracturas); clases de baile, descartadas: conducen al exhibicionismo; y nada de remolonear en la cama: desperdicias la jornada, el tiempo, la vida. Siesta sí, aconsejan corta, una cabezada reparadora que dicen es buena hasta para adelgazar (quizá exageran, con no ver la tele ese rato ya es bastante para tu mente) 

Si bien es cierto lo que te dice Belarmino –«hay que llenar mucho tiempo y se gasta mucho dinero– depende cómo te organices. Hacer muchas cosas, pensar en hacerlas. O ninguna, como en ese ocurrente meme: qué vas a hacer hoy, nada, eso ya lo hiciste ayer, pero no terminé. Vale todo. Hacer, querer hacer, seguir con la curiosidad intacta, la inquietud de saber, aprender todavía, la facultad de enfadarse cada mañana, indignarse con lo que el mundo tiene de mal hecho. Ocupar una terraza con un vino o un libro o un amigo (tres sinónimos, casi) y ver pasar las horas. Sentarte en un queso a comer de otro queso. Pintar la casa un día y los siguientes contemplar la obra: el trabajo manual es muy agradecido, de resultados inmediatos y palpables (lean Elogio de las manos, de J. Carrasco). Y cuando tienes un pueblo a mano, la película cambia mucho, allí las tareas no se acaban nunca. Para ello necesitas cierto vigor, por eso no se puede demorar ese estado del júbilo (jubileo, jubilar); y pues el deterioro será inevitable, ya no conviene dejar todo para mañana. Pero tampoco nos pasemos, no procede un espíritu tan joven que no concuerde para nada en un cuerpo semi/usado. Equilibrio, señores. Un día aprovechado/otro malgastado. Lista de cien cosas para hacer/otras cien que no. Aburrirse como un adolescente/ni tiempo para mirar grúas. Viajar mucho/hibernar. Dejar que la vida corra/acelerar más que ella. Verla pasar flemático/agarrarla todavía del gaznate. Repitamos el constructo mental (como se dice ahora): vale todo, una idea y su contraria. Disfrutar de la engañosa felicidad de la rutina. Descubrir la versatilidad del tiempo, que tanto puede ser ancho como fugaz. Medir el día por las llamadas que no coges, los mensajes que no miras, los correos a los que no contestas… salvo por mera educación. Medir la noche por tus agitadas pesadillas y paseos al baño. Y ante todo, sobre todo, jamás teorizar sobre el asunto ni aceptar tiernos consejos como estos o parecidos. Vivir, en suma; la vida eterna puede esperar. A vivir, con todos los tópicos consabidos sobre el tema: … que son dos días… hasta que el cuerpo aguante… como si no hubiera un mañana… 

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