Los malos resultados españoles en el informe PISA, informan del retroceso en todas las competencias evaluadas: ciencia, lectura y matemáticas. Y el mayor descalabro, duele decirlo, se ha producido en comprensión lectora. La piedra angular del aprendizaje.
Recientemente leí en el ensayo «Lector vuelve a casa», escrito por Maryanne Wolf, que lleva como subtítulo «Cómo afecta a nuestro cerebro la lectura en pantallas», lo siguiente: «Tampoco hay tiempo ni ganas para el cultivo de un ojo tranquilo, y menos aún para evocar los recuerdos de su cosecha».
En una conversación con una maestra de infantil sobre la paciencia cuidadosa que conlleva enseñarle a un niño distintas habilidades, se lamentaba de que la irrupción temprana de la tecnología les genera limitaciones. «Algunos llegan a las aulas sin saber prácticamente hablar, ni siquiera ponerse un abrigo, estiran los brazos y esperan a que nosotros se lo pongamos». Parecen como sedados por el embrujo de las pantallas que se lo dan prácticamente todo hecho.
Los adultos, que somos su ejemplo, también parecemos hipnotizados. ¿Habremos renunciado a la pausa, atrapados en un schroll infinito al que nos conduce el tratamiento rápido de multitud de información? Anclados en el modo vertiginoso, al dictado del algoritmo mimoso, sin espacio aparente para la evocación contemplativa. Y menos para el aprendizaje pausado, si es el niño quien maneja el móvil, cuando todavía no se han puesto los cimientos de su aprendizaje, con la necesaria lentitud que requieren los comienzos.
Ciertamente, es fantástico y loable el desarrollo tecnológico que contribuye a un óptimo desarrollo humano. Pero sin renunciar a nuestra humanidad. Y a los humanos siempre nos ha seducido descubrir, experimentar, recrearnos en los propios éxitos alcanzados con el esfuerzo. Y la tecnología, a veces , nos lleva en volandas haciéndonos adictos a una comodidad que cercena nuestra capacidad de detenernos para recrearnos en los detalles.
Y entre las soluciones , estos días , acordamos dedicar tiempo a la lectura pausada, y recuperar el ritual del dictado, y recrearnos en la resolución de un problema, tentar al cálculo mental, o darle, ¿por qué no? a la denostada memoria, también su contribución a la causa del conocimiento.
Los profesores, nos vemos sujetos a una programación que exige la asunción de unos contenidos o saberes básicos vinculados a unas competencias y la burocracia apresurada nos impele.
Los latinos aconsejaban : «festina lente», traducida como «apresúrate despacio» que buscaba el equilibro entre rapidez (tecnología) y prudencia (el genio creativo humano). Este nuevo curso, no solo PISA, sino, los futuros ciudadanos, nos lo demandan.
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