Siete días duró el viaje apostólico del papa León XIV a España que, entre el 6 y el 12 de junio, le llevó a visitar Madrid, Barcelona y Canarias. No faltó una nutrida representación de nuestra tierra, de las dos diócesis –en buena medida, en distintos viajes organizados–, incluidos el obispo de León, Luis Ángel de las Heras, cmf, y el administrador diocesano de Astorga, Francisco Javier Gay.
En la distancia, fue seguido con interés por millones de personas… incluido un buen número de no creyentes, lo que no deja de llamar la atención…
Para quienes tuvieron la oportunidad de coincidir con el romano pontífice, tuvo que ser una experiencia muy especial… Te lo digo con conocimiento de causa pues, aunque esta vez no pude estar, sí que tuve ocasión en la visita de Benedicto XVI en 2011 –con motivo de la Jornada Mundial de la Juventud, en la que el Nazareno de la Cofradía de Jesús de la capital leonesa participó en el via crucis procesional por Madrid… y que tuve el privilegio de pujar; y, aún antes, en 2003, cuando cinco beatos –entre ellos, mi venerada sor Ángela de la Cruz– fueron canonizados por el hoy santo Juan Pablo II. Solo recordarlo me pone aún los pelos como escarpias…
La misa del Corpus Christi en Cibeles –que congregó a millón y medio de personas–, la intervención ante el Congreso y el Senado, la visita a un centro penitenciario de Barcelona, el rezo del rosario en Montserrat, la inauguración de la Torre de Jesús de la Sagrada Familia o el encuentro con migrantes en Canarias fueron algunos de los momentos princiapales de un viaje apostólico de más de 2500 kilómetros en el que el Papa, en su veintena larga de intervenciones, nos invitó a la reflexión: puso en valor a las cofradías –y las «expresiones de la fe popular»–, animó a los jóvenes a no tener miedo a buscar la verdad, pidió que la religiosidad no fuera «un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe», recordó que «la caridad no admite demoras»; y así, un largo etcétera. Ahora toca asimilarlo…