Vete a saber quién es esa, pensarán algunos al leerla, ¿tara, enfermedad, ungüento?¿algún tipo de impedimento? Virgulilla….no me suena…quizás a los más mayores. Aunque a buen seguro que los profesores, como buenos defensores y guardianes del saber, habrán tenido que aprender, que sin ella España no hubiera.
Parece que fueron unos monjes copistas, allá por la Edad Media, como buenos ecónomos lingüísticos, los primeros que discurrieron cómo simplificar la secuencia de dos enes juntas, e inventaron airosos una ene pequeñina que a modo de ondina alegre, flotara sobre una de las dos enes, leyéndose como una.
Así nació la virgulilla: una de las reglas ortográficas que enseñamos a los alumnos de español. Y aunque también los matemáticos la usen como símbolo de aproximación, hoy la lección es de lengua, no es deformación ni manía, hoy toca de Ortografía. Y es que en las recientes oposiciones para profesores de secundaria, los suspensos por faltas han sido masivos. Los ofendidos, muy serios, responden que no es su culpa, es cuestión de los criterios y de la dureza, que dicen ha sido extrema. Pero la ortografía no es el tema.
El tema es el conocimiento sometido a tanto experimento, en manos de leyes educativas que son nuestra desgracia, tan repletas de burocracia. Así que los suspendidos tienen su razón, porque desde hace tiempo con tantas innovaciones y cambios, nos andamos por la ramas demasiado aplicados en pantallas y experimentos, y sin cuidar los cimientos.
Hemos bajado el nivel de exigencia, fomentando la mediocridad, sin incidir en la necesidad de buscar la excelencia. Esto es un sinvivir: hemos olvidado que lo primero es leer y escribir.
Y en materia de normas ortográficas son importantes las formas: las exclamaciones e interrogaciones dobles son un sueño olvidado, tesoro del pasado.
Y respecto a la cultura literaria, son las redes sociales las educadoras habituales en moral, costumbres y ortografía. Preferimos el comentario de turno, airado, al buen libro pausado, lo efímero y lo presente, al pasado referente. Lo nuevo a lo contrastado.
Y eso elimina el poso al considerarlo casposo. Les educan los «reels» y los «influencers».
Se prefiere el inglés descomplicado , al español acentuado.
Menos mal, que herida la ortografía, vendrá la alegría en materia deportiva. Nueva York será mañana ¡y a ser posible con eñe!
Luzca alegre la virgulilla, como ola planetaria y cañera, entre alegrías y exclamaciones, castañuelas y panderos, ¡¡¡España y olé!!!
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