02/07/2026
 Actualizado a 02/07/2026
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Ando estos días acojonado por lo que sucedió la semana pasada en Villamuñío; se conoce que uno tiene el alma muy sensible, y, ante tamaño despropósito, la única reacción posible es la de asombro, incredulidad y desasosiego. No es normal la reacción del del tractor, ¡por supuesto!, pero es que, al final, tienes que llegar a la conclusión de que era la única posible. El tonto de haba que tenía que reclamar una deuda millonaria no pudo actuar peor. Yo (y cualquiera que tenga medio dedo de frente), sólo puede reaccionar de la manera que lo hizo ante la desfachatez, la falta de educación y la prepotencia del tipo del ‘cobrador del frac’. No puedes, en ningún caso, entrar a un moroso llamándole gordo y poco menos que indigente moral. Por lo que me han contado, el ‘prenda’ del tractor es un punto filipino, un amoral, un «viva la Virgen» que antepone sus vicios a cualquier otra cosa. Es, si es verdad, un depravado, un inconsciente o un tolay de marca mayor. Pero, así y todo, no tiene por qué aguantar el lenguaje fulero y falto de respeto de un facha de manual. Su actuación, la del fascista de Valladolor, recuerda a la de la mafia de Chicago o de Nueva York en los años de las películas de gangsters, como nos contaron Mario Puzzo y Coppola en ‘El Padrino’. Puesto a devanarme la mollera (cosa que se me da divinamente), llegué a la conclusión de que el incidente de Villamuñío es un síntoma de cómo funciona la sociedad española en este año del Señor de 2026: estamos de la puta cabeza.

Y lo jodido es que la cosa se pondrá peor ‘diquiera’ un año, que es justo lo que queda para que, en teoría, Sánchez convoque las elecciones generales. Con la que está cayendo, el pueblo, tú y yo, asistimos atónitos a una cascada de noticias que, machaconamente, hablan de corrupción, de mordidas, de desvergüenza... Los dos partidos que han gobernado en España desde la muerte del General, el Psoe y el Pp, tienen a sus espaldas un rosario de escándalos financieros, de juegas con coca y putas, de cloacas apestosas, de maderos corruptos que, en cualquier otro país civilizado hubiera supuesto su ilegalización.

Mayormente, llevo diez años dando la tabarra en este periódico para que no les votéis..., pero no me hace caso ni la familia, hasta tal punto habéis perdido el norte. No voy, por supuesto, a ir de guay, de tonto inmaculado, de ‘sabelotodo’; no es mi intención, nunca la ha sido. Pero, por desgracia, hemos llegado a un punto en que no debería haber marcha atrás y la gente, tú y yo, tendríamos que haber salido a la calle para quemarlo todo, incluida la más alta magistratura del Estado, que, por lo visto, está encantada de haberse conocido, pero que no hace nada para revertir el desbarajuste.

Ya escribí alguna vez lo que pensaba Bismarck de España: «La Nación más fuerte del mundo es sin duda España. Siempre ha intentado autodestruirse y nunca lo ha conseguido. El día que dejen de intentarlo, volverán a ser la vanguardia del mundo»; y también, «Lo increíble de España es que, con una clase política tan inepta, todavía exista el país». Bismarck afirmaba esto a finales del siglo XIX..., y hoy, pasado el primer cuarto del siglo XXI, sucede lo mismo. De acuerdo, lo afirmaba desde la prepotencia alemana (que igualmente sigue vigente a día de hoy), pero ¡joder!, cuánta razón tenía. España es como la Italia de la postguerra, cuando cambiaba de gobierno como de camisa: el Estado va por un lado y la Nación por otro, que, sin duda, es lo que nos hace seguir adelante y ser una de las naciones más avanzadas del mundo.

Lo de Villamuñío, como digo, es un síntoma peliagudo, una demostración de que Goya, cuando pintó a los dos palurdos dándose garrotazos sin saber muy bien el porqué, contó al mundo y a las generaciones futuras que somos unos descerebrados irreductibles y maravillosos.

Pero, como siempre, lo cortés no quita lo valiente y nos debería hacer pensar que, con estos partidos, ni a atropar duros en la puerta de una iglesia. Allá vosotros, almas cándidas, con lo que hacéis y, sobre todo, con lo que no hacéis. Por mi parte, sigo pensando que quemar el país es una idea maravillosa.

Salud y anarquía. 

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