Alfonso Martínez color

La vida sigue ‘iguaaal’

26/03/2026
 Actualizado a 26/03/2026
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Había poco margen para la sorpresa, por no decir directamente que no lo había. No hacía falta ser brujo para saber que en los primeros compases del dieciséis de marzo bajaría las escaleras de este su periódico tarareando ‘La vida sigue igual’ tras una jornada electoral anodina y siesa. Sólo había faltado el meme de Julio Iglesias que nos dijese: «Va a ganar otra vez el PP y lo sabes».

«Unos que nacen, otros morirán. Unos que ríen, otros llorarán». Así arranca la canción, que me recordaba aquella noche a quienes se lamentaron durante la campaña de haber nacido con los populares al frente de este nuestro engendro autonómico y no haber conocido otra cosa para –poco después de que cerrasen las urnas– celebrar su derrota como si no les importara morir en similares condiciones. Incomprensiblemente, los socialistas reían pese a haber perdido mientras los leonesistas y los fosforitos lloraban pese a haber mejorado sus resultados.

Lo bueno es que se sobrepusieron rápido para disimular la evidencia de que se quedaron por debajo de sus expectativas, quizá pensando que «siempre hay por qué vivir, por qué luchar» y que «siempre hay por quien sufrir y a quien amar», como sigue la canción. Y es cierto, porque todos van a seguir viviendo de la política de una u otra manera y todos tienen –o tendrían– que luchar por ofrecer una alternativa a quienes han gobernado durante cuatro décadas, pese a que ello les obligue a sufrir y a amar al prójimo como a sí mismos.

No lo harán, porque se está muy bien en la oposición y, si dejaran de estarlo, no tardarían en decir eso de «contra el PPvivíamos mejor». Y no lo harán porque, «al final, las obras quedan, las gentes se van. Otros que vienen las continuarán. La vida sigue igual», como finaliza el estribillo de nuestra canción de cabecera durante la noche del 15-M. Las obras quedan, claro que sí, pero sólo las que se hacen, no las que duermen el sueño de los justos mientras acumulan siembras agrícolas y cosechas de mentiras indecentes, como es el caso de la requeteprometida plataforma de Torneros, llamada desde hace dos décadas a ser el revulsivo que necesitaba la economía de este nuestro terruño para que las gentes no se fuesen. Sin embargo, los que no se van casi nunca son ellos y, si lo hacen, es porque les recolocan en otro sillón mejor tapizado o porque únicamente veían el engendro autonómico como un mero trampolín para saltar a los madriles. Y eso de que otros que vienen las continuarán... Para eso, primero tendrán que empezarlas y me gustaría pensar que va a ser así, que de verdad quienes vengan pondrán remedio por ejemplo al despropósito del tren de Feve, pero obras son amores, así que, como Santo Tomás, hasta que no ponga un pie en el tren-tranvía...

No es pesimismo ni falta de ganas de defender este nuestro terruño, sino que pasan los años y «la vida sigue iguaaal».

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