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El viaje del escritor (III)

07/07/2026
 Actualizado a 07/07/2026
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Continuemos con algunos de los arquetipos que Vogler señala en ‘El viaje del escritor’. El heraldo plantea desafíos y anuncia la llegada de un cambio significativo. Algo en lo más íntimo nos dice que estamos listos para el cambio y nos envía un mensajero: «una ensoñación, una figura onírica, una persona real o una idea nueva con la que nos topamos». Su principal función dramática es la motivación: presentan un desafío al héroe y ponen la historia en movimiento, alertan al héroe –y al público– de que se avecinan cambios y aventuras.

La figura cambiante cambia su aspecto, humor, talante o estado de ánimo, de manera tal que el héroe y el público encuentran dificultades para interpretarlos. Suele ser de sexo opuesto al héroe. Su función psicológica es expresar la energía del animus (elemento masculino presente en el inconsciente femenino: imágenes positivas y negativas que de la masculinidad aparecen en los sueños y las fantasías femeninas) y el ánima (el elemento femenino presente en el inconsciente del varón). Lo reprimido en el hombre y en la mujer, las proyecciones que hacemos: «Por naturaleza buscamos personas que se ajusten a nuestra imagen interna del sexo opuesto.  A menudo imaginamos la semejanza y proyectamos sobre una persona insospechada nuestro deseo de unión con el ánimus o el ánima, nuestra propia noción interna del compañero ideal». Su función dramática es introducir la duda y el suspense en el argumento.

La sombra representa la energía del lado oscuro, de lo inexpresado, lo irrealizado o los aspectos rechazados de una cosa. «Puede representar el poder de los sentimientos reprimidos, los traumas o las culpas; las emociones ocultas o negadas pueden revelarse monstruosas y causar nuestra destrucción». Es la psicosis que no solo entorpece nuestra vida sino que amenaza con destruirnos. Su función dramática es desafiar al héroe y proporcionarle un oponente digno con quien luchar.

El embaucador plasma las energías de la malicia y el deseo de cambio: bufones, payasos o secuaces cómicos. Se encargan de parar los pies de los grandes egos y ayudan al héroe y al público a que toquen los pies en el suelo; son los enemigos naturales del estatus quo y que al provocar la risa sana aportan cambios y trasformaciones. Su función dramática principal es proporcionarnos un alivio cómico. «Una de las más antiguas reglas dramáticas resalta la necesidad del equilibrio: hazlos llorar mucho; deja que rían un poco».

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