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El viaje del escritor (II)

30/06/2026
 Actualizado a 30/06/2026
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Vogler, en su libro ‘El viaje del escritor’, que trata de las Estructuras míticas para escritores, guionistas, dramaturgos y novelistas, describe las doce etapas del viaje del héroe y analiza los arquetipos más comunes y que pueden ayudar a los escritores a la hora de configurar sus personajes. Son modelos de personalidad que se repiten desde tiempos antiguos y en todas las culturas, en los sueños y personalidades de los individuos, así como en los mitos que se han imaginado en el mundo entero. Estudiar los arquetipos «es una herramienta indispensable para comprender la función o el propósito de los personajes que participan en cualquier historia (…) y el dominio de su energía es tan esencial para el escritor como el aire que respira». Los que más frecuentemente aparecen en las historias y los más útiles para el trabajo del escritor son: el héroe, el mentor (el anciano o anciana sabios), el guardián del umbral, el heraldo, la figura cambiante, la sombra y el embaucador. De cada uno de ellos es interesante saber su «función psicológica» o aspecto de la personalidad que representa y su «función dramática» en la historia.

‘El héroe’ es alguien capaz de sacrificar sus propias necesidades en beneficio de los demás. Como un pastor que se sacrifica para proteger y servir a su rebaño. Representa el ego, esa identidad personal que se piensa separada y distinta de los demás. El ego busca su identidad e integridad hasta ser íntegro y completo (el yo) y en este camino se encuentra con guardianes, mentores, monstruos y aliados. Entre sus funciones dramáticas: el que nos identifiquemos con el héroe; el aprendizaje o crecimiento que lleva a término (paso del ego al yo: el arco del personaje); cómo actúa; su sacrificio; sus defectos.

‘El mentor’ es una figura positiva que ayuda o instruye al héroe. Representan el yo más elevado, el dios que habita en nosotros, que constituye nuestra parte más sabia, noble y semejante a la divinidad, en lo que podría convertirse el héroe si persevera en su camino. Está estrechamente relacionada con la imagen de progenitor. Entre sus funciones dramáticas destacan: la enseñanza; proporcionar un objeto o un don que deben merecerse por el aprendizaje, el sacrificio o el compromiso; como inventor; motivador; sembrador de información.

‘El guardián del umbral’ vigila la puerta que da acceso a un nuevo mundo para que no accedan quienes no se lo merezcan. Representan los obstáculos que enfrentamos en nuestra vida ordinaria y nuestros demonios más ocultos: las neurosis, las cicatrices emocionales, los vicios, las dependencias, las carencias… Su función dramática es poner a prueba al héroe: este debe aprender los trucos que usan los guardianes, absorberlos –incorporarlos– y seguir su camino.

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