Secundino

Viaje a Italia

17/03/2018
 Actualizado a 11/09/2019
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Por los ‘idus’ de marzo yo echo de menos Italia. Creo que es fácil de entender que, después de más de treinta viajes a Italia con un centenar de alumnos al comienzo de la primavera, he ido alimentando esta dependencia o adicción. Por estas fechas, cada curso, podía sentir la ilusión de los alumnos ante el viaje más importante de su vida. Realmente me siento orgulloso de que tres mil alumnos de León, muchos de ellos hoy ya padres y madres de familia, recuerdan los diez días del viaje a Italia como el mejor momento de sus vidas.

¿Qué tiene de especial este viaje para ‘marcar’ un antes y un después en la historia de estos alumnos? Yo creo que la respuesta es doble: la edad de los alumnos y el destino del viaje.

Son alumnos con diecisiete años, a punto de cumplir la mayoría de edad, llenos de vida e ilusión. Para muchos es la primera vez que pernoctan fuera de casa sin la compañía de sus padres. Tiene algo de viaje ‘iniciático’, porque llevan mucho tiempo soñando con él, porque conocen las experiencias de los compañeros de cursos anteriores, porque salen de su entorno habitual para vivir con sus amigos y, sobre todo, porque se van a encontrar con situaciones diversas, difíciles y hasta hostiles que, una vez superadas, hacen más fuerte su personalidad.

Posiblemente su mayor problema en el viaje es el sueño. Tienen tantas ganas de aprovechar el tiempo que no desean perder ni un minuto. Para algunos las noches no pueden malgastarse durmiendo y se quedan ‘fritos’ al sentarse en el autobús. Los más sensatos siempre saben distribuir los tiempos. Me gustaba comprobar cómo iban aprendiendo a hacer grupo. Los primeros días estaban demasiado excitados y pendientes de su asiento en el bus o el reparto de habitaciones, pero al final se creaba un ambiente de amistad en el que "todos estaban preocupados de todos" sin inquietarse por el sitio que ocupaba cada uno. Esa sensación de unidad y de intimidad se palpaba y quedaba reflejada en las innumerables fotos. Se había formado una piña de amigos, una verdadera familia.

También el destino del viaje es fundamental. Italia da mucho juego para despertar la admiración de estos jóvenes. He disfrutado viendo sus ojos como platos al entrar en la plaza de San Marcos de Venecia, al divisar el David desde la puerta de la Academia, al llegar a la Plaza de los Milagros de Pisa con la torre inclinada al fondo, al pasear por los foros y el coliseo o simplemente al verse rodeados de miles de jóvenes como ellos en la Fontana de Trevi o en la Plaza Navona. Toda Italia es un museo. Además, les llama la atención y les encanta cómo conducen, cómo venden, cómo regatean, cómo ligan…, cómo son los italianos.

Al finalizar el viaje, ya en León, a la puerta del instituto, después de abrazar a sus padres y al despedirse de los profesores, ‘me quedo’ con sus expresiones de agradecimiento: "Insuperable. Diez días de ensueño. Imposible olvidarlo. Muchas gracias, profesores".

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