victor-velez.jpg

Los VHS de Disney

25/03/2026
 Actualizado a 25/03/2026
Guardar

Por razones que no viene al caso detallar si quiero cumplir con los caracteres a los que se limita esta columna, en los últimos días he tenido bastante presente la colección de VHS que pude atesorar durante mi infancia. Sobre todo, las cintas de películas de Disney, las cuales acostumbraba a colocar en la estantería en orden de preferencia. En el primer puesto siempre competían ‘El libro de la selva’, la favorita de mi padre, y ‘El rey león’, la que más gustaba a mi madre, en un duelo que mi yo de ocho años solía resolver en base a cuál de mis progenitores quisiese hacer la pelota en un determinado momento.

Por desgracia, algún día debí hacerme mayor y esos VHS desaparecieron de la estantería, olvidando también aquella competencia entre cintas de Disney hasta pocos días después de la muerte de mi padre. Traicionando sus gustos pero honrando su memoria, en una reposición televisiva en la que no paré de hacer pucheritos, ‘El rey león’ pasó a ser, desde entonces y para siempre, mi película de dibujos animados preferida.

En paralelo a una incalculable herencia de recuerdos y buenos consejos, Mufasa se convirtió en una representación alegórica de la añorada figura paterna, la cual fui completando con otros estándares mitificados para alejar la sensación de ausencia, como el de Atticus Finch, de ‘Matar a un ruiseñor’, o un cuadro en mi habitación con el ‘Si…’ de Kipling, precisamente el autor de ‘El libro de la selva’. Igualmente, cómo no, con el ejemplo de esos papás que tengo a mi alrededor y que me recuerdan al mío. Referentes más próximos entre los que también podría situar al tío Nicomedes, protagonista de una batallita de mi pueblo que hace unos días tuve ocasión de publicar como reportaje: un paisano del campo leonés que hace más de un siglo llevó a sus dos hijos en burro hasta Barcelona para curarles de la mordedura de un perro con rabia.

Quizá sea por profundizar en esa historia del tal Nicomedes o quizá por soportar en estos días tantos felices ‘selfies’ de hijos con sus padres, pero el caso es que así me veo ahora: escribiendo sobre el mío. Casi nunca lo hago y, sin embargo, casi a cada minuto le echo de menos. No publiqué una foto suya en redes sociales la pasada semana por el Día del Padre ni tampoco lo haré el viernes por su cumpleaños, pero tal vez la página 21 de un periódico local sea un lugar tan válido como cualquier otro para caer en el mullido abrazo de la autocompasión y en esos desahogos tan sintomáticos de los tiempos que nos ha tocado vivir. Para dejar escrito algo que, espero, pueda ser leído sin que suene ni cursi ni lacrimógeno. Para contarte, papá, que la vida no ha parado, que el Ducados vale seis pavos y que aún guardo esa corbata de papel de charol que te regalé un 19 de marzo. Que el Real Madrid ya ha ganado quince Copas de Europa, que cada vez nieva menos y que te tengo que presentar a Laura. Que Almanza está preciosa otra primavera más, que gracias por tanto y que tenías razón en casi todo. Que mamá sonríe y que, en consecuencia, tú también lo harías. Que te prometo, eso sí, que si vuelves coloco de nuevo los VHS de Disney en la estantería y que el de ‘El libro de la selva’ se queda el primero de todos.
 

Archivado en
Lo más leído