06/01/2019
 Actualizado a 08/09/2019
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Dentro de las expresiones con cierta gracia, traigo hoy a colación las que se relacionan con el color verde. Pero excluyo aquellas desprovistas de sal, tales como: la esperanza, los ecologistas, la Guardia Civil, la luz, el ajardinado espacio recreativo, la inmadurez, el vituperado o el lorquiano «verde que te quiero verde»; porque lo que me interesa esclarecer es el verdor relativo a la vejez y al chiste o agudeza de pocas palabras, vocablo proveniente de bajo sonido o «chis, chis».

Sebastián de Covarrubias (‘Tesoro de la Lengua Castellana’, 1611), al explicar la palabra ‘cana’ escribe: «A los que son viejos (y canosos) que tienen el verdor de mozos, decimos son como los puerros que tienen la cabeza blanca y lo demás verde». De cuyo texto parece deducirse que la expresión ‘viejo verde’ se aplica, como dice el Diccionario, al que «conserva inclinaciones galantes o apetitos carnales impropios de su edad». Pero esto, que se decía ya en el siglo XVII, aludía, no a lo impúdico, sino al verdor de la juventud, es decir, el vigor y garbo de los mozos.

Hace siglos, lo que hoy llamamos ‘verde’ en el sentido obsceno tenía otro color, a saber, el rojo o colorado. Ya el maestro Correas, en su ‘Vocabulario de Refranes’, escribe: «‘Cantares y cuentos colorados’: Los deshonestos». ¿Color bermejo por el rubor en el rostro avergonzado de quien los cuenta? Y en el Diccionario de Autoridades (así como el de 1791) se lee: «‘Palabras coloradas’, las que sin ser en sí oscuras tienen alguna alusión a la obscenidad».

El verde es el color del agua, como el rojo es el color del fuego, y por esto el hombre ha sentido siempre instintivamente las relaciones entre estos dos colores como análogas a las que existen entre su esencia y su existencia. Hoy, en lugar de ‘colorado’ y como sinónimo de ‘verde’, decimos de un cuento o de un chiste obsceno que es «de color subido», «muy subido de color» o «subido de tono».

Sobre la mudanza del significado experimentado por la palabra ‘verde’, sólo en español se ha hecho sinónima de obsceno. Un empellón la ha arrastrado desde su aséptico y primaveral significado originario hasta el libinidoso que ahora tiene. La ‘verde vejez’ fue para los clásicos la vejez no abatida por el tiempo; y así ha quedado en italiano y en francés. Entre nosotros, en cambio, el vocablo se cargó a lo largo del siglo XVII de valencias lúbricas. En el XVIII el ‘viejo verde’ fue ya un viejo gotoso y canijo que pescaba su artificial galantería entre las lechuguinas, y el Diccionario de Autoridades nos lo denuncia: es el viejo verde «el que tiene acciones y modales de mozo, especialmente en materias alegres». O sea, los que hacen cosas que por su edad debieran de estar exentos de los ataques de Venus, como lo están, por lo regular, francos del sarampión y liberados de viruelas. Pronto ‘verde’ se aplicó a quienes prolongaban sus hábitos galantes fuera de lo tolerable por su edad o estado (de ahí hablar de «viudas verdes»), adquiriendo así la familiaridad con lo obsceno que hoy constituye su nota dominante.

A principios del siglo XIX verde se aplicaba ya a cuentos, chistes, espectáculos, etc., de carácter lascivo o, en tono menos atrevido, ‘picantes’. Ya el Diccionario Académico, en su edición de 1852 sancionaba el nuevo significado.

¡Ah!, se me olvidaba, querido lector. Cumpliendo el servicio militar en la entonces Zona de Reclutamiento y Movilización de León, me topé con la ficha de un tipo apellidado Viejo Verde. Entre los datos que allí figuraban no constaba si hizo honor o no a sus apellidos. Pena.
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