Una empresa recién creada queda muy lejos de ser un éxito empresarial. Es, de momento, una promesa. Puede convertirse en un negocio rentable y crear empleo, o puede no llegar a cumplir su primer año de vida.
La noticia reciente de que León ha creado 364 sociedades mercantiles durante el primer semestre del año es una buena noticia. Son un 24,2% más que en el mismo periodo de 2025 y la cifra más alta desde 2008. Y hay que valorar que detrás de cada una, hay una persona que arriesga, una idea y, muchas veces, unos ahorros. Conviene celebrarlo.
Pero una cifra de creación mide el principio de la historia, no su final. La pregunta interesante no es cuántas empresas hemos puesto en marcha, sino cuántas de esas 364 seguirán abiertas dentro de diez años y, lo que es más importante para León como sociedad, cuáles de ellas habrán conseguido crecer.
Una cosa es crear, otra sobrevivir y otra, crecer. Crecer significa contratar antes de que el pedido esté firmado, invertir en algo que tardará años en amortizarse y dar el salto de vender más allá de Mayorga. Esa es la asignatura pendiente de nuestra economía.
Los datos del tejido empresarial leonés nos ayudan a entenderlo. En 2025 había 27.811 empresas activas en la provincia. De ellas, 15.084 no tenían asalariados y otras 7.879 tenían entre uno y dos. Es decir, el 82,5% no llegaba a tres trabajadores. No es malo que existan empresas pequeñas, lo preocupante es que ese sea todo nuestro motor económico.
No es toda la responsabilidad del empresario. Crecer exige financiación, trabajadores cualificados, clientes, suelo e infraestructuras. También exige algo menos tangible. Ambición para pensar que desde León se puede vender al mundo y no solo al código postal de al lado.
El lunes pasado cené con un grupo de empresarios de sectores muy distintos, todos ellos con muchos años de experiencia, y con uno de los mayores expertos en comunicación de nuestra provincia. En la conversación surgió una idea que, de una u otra forma, llevo tiempo defendiendo en estas columnas. Quizá también tenemos que cambiar la manera en que miramos a nuestros empresarios.
Deberíamos mirar de otra manera a las empresas que se modernizan, crecen y se internacionalizan. Sentirnos orgullosos de ellas, reconocerlas y tomarlas como referencia. No para que todas hagan lo mismo, sino para recordar que desde León también se puede crecer y competir. Pasar de mirar a admirar.
Celebramos, no sin un nutrido grupo de envidiosos, que alguien abra una persiana, pero el verdadero éxito llega cuando esa persiana acaba dando trabajo a veinte, cincuenta o doscientos trabajadores y la empresa puede seguir creciendo sin tener que marcharse de León.
Las 364 nuevas sociedades son 364 oportunidades. Algunas desaparecerán y otras prosperarán. Lo importante es que las supervivientes sean cada vez más numerosas y que algunas consigan convertirse en las grandes empresas que hoy echamos en falta.
Crear empresas es necesario. Conseguir que crezcan es el verdadero milagro.
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