Ha llovido a Dios dar agua, como decía Gonzalo Torrente Ballester en su inmortal «Los Gozos y las sombras». En el sur, ha sido una catástrofe, con pueblos vaciados e incluso con muertos. Aquí, hemos tenido suerte, seguramente porque el terreno es mucho más permeable que allí, pero, así y todo, resulta que los ríos vienen con su cauce hasta los topes y muchas tierras tienen tanta agua que han echado a perder la siembra del cereal de invierno. Y luego están las carreteras... En la que va de Secos a Barrio de Nuestra Señora, por el interior del Condado, por los pueblos, los baches son tan grandes que conducir se ha vuelto una yincana en la que tienes todas las de perder; a poco que vayas despistado, corres el riesgo cierto de joder una rueda y tener que ir dónde Gari a dejar trescientos euros por la patilla..., o sea, por dos ruedas nuevas. ¿Quién tiene la obligación de arreglar esta carretera? Pues creo que la Diputación y, mayormente, no lo hace. Cómo tampoco lo hace el ministerio del ramo en las nacionales, en las autovías o en las líneas de ferrocarril. A uno, la verdad, es que lo que ocurre a nivel nacional se la suda bastante, porque mi ámbito de circulación lo forma un triángulo imaginario que va de Vegas a Boñar y acaba en León. Lo demás, tierra conquistada. Pero uno tiene hijos que, por desgracia, tienen que circular por esas vías, e, incluso, coger el tren ese que te deja en Madrid, o vete tú a saber dónde, en menos que canta un gallo. Uno también, en su momento, pasó por Adamuz a cerca de trescientos kilómetros por hora y no puedo menos que pensar que, a lo mejor, no dejó los cuernos allí de puto milagro. El caso es que, el ministerio del ramo dice y afirma que la culpa es de la lluvia, de las heladas, de la oposición o de la puta que los parió, pero no de ellos, ¡vaya uno a parar! Uno, lo único que sabe, es que en esta jugada la palmaron cuarenta y siete inocentes que pasaban por allí...; lo mismo que si uno va andando por la calle y le cae una teja en la puta cabeza y queda seco. Son, según ellos, imponderables de los que tiene la culpa el destino o las inclemencias meteorológicas. Decía Schopenhauer (un filósofo alemán que era un coñazo, como todos los alemanes), que para destruir la verdad hay tres etapas: primero, se la ridiculiza, luego, se la combate con violencia y, por fin, se acepta el resultado como algo evidente. Uno barrunta que los que mandan (políticos, banqueros, grandes empresarios, sindicatos, etc.), han concluido las tres etapas de las que hablaba el alemán y nos intentan colar, con calzador, su película. Hacen (o lo intentan), lo que los medios de postín llaman «ganar el relato», que es algo tan simple como que lo único que no es una trola es lo que ellos afirman. Y su historia es descorazonadora...; mienten más que hablan y sus cuentos no tienen ni pizca de gracia. Decía Chesterton, el inglés, que él era absoluto partidario de la «ética en el país de los cuentos», porque era la única verdadera, la única que tenía sentido en un mundo desquiciado. Cuando de niño mi abuela María me contaba «El sastrecillo valiente», o «El gato con botas», o «Pulgarcito», o «Pedro y el lobo», no me daba cuenta, porque era un guaje sin entendederas, que en esas historias estaban implícitas cosas tan importantes como el valor, la lealtad, la amistad fraternal, la vida y la muerte; valores universales que hoy, la verdad, están dejados de la mano de Dios. Si ves algún dibujo animado (y sé de lo que hablo porque ni nieta me hace ver decenas de ellos en YouTube), te das cuenta de que en ellos ni se les menciona. Te intentan enseñar como se tiene uno que limpiar el culo, como curar una herida con mercromina y una tirita, no vaya a ser que se infecten...; cosas que, antes, te enseñaban en casa o en el colegio...; es cierto que los padres de hoy bastante tienen con llevar a casa suficiente dinero para pagar el alquiler, la comida o la calefacción..., y no tienen ni tiempo ni ganas de meter en la mollera del pequeño los principios universales que antes aprendíamos en los cuentos. Con lo que llegas a la conclusión, que mis nietos, por desgracia, tendrán que aprender a base de palos que es la amistad, la lealtad y la solidaridad. Salud y anarquía.
La verdad 1
26/02/2026
Actualizado a
26/02/2026
Comentarios
Guardar
Lo más leído