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Van a intentar engañarnos

21/02/2019
 Actualizado a 17/09/2019
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Esta primavera florecerán alcaldes, presidentes autonómicos y eurodiputados. Hasta un presidente del Gobierno, aunque eso de momento solo quedará sembrado el 28 de abril. Brotar ya veremos si brota, que parece que de nuevo dependerá todo de los pactos y lo que faltaba era que se sentaran a negociar con la sangre alterada y el moquero de la alergia. El caso es que ante tanta exuberancia electoral se hace necesaria una ciudadanía prevenida. Que la belleza de las flores y las primeras tardes sin abrigo son una felicidad engañosa (se nota que les escribe un alérgico), tanto como las promesas de campaña, los abrazos de mitin y las predicciones de mayorías que arruinará la última helada de mayo.

Estamos avisados de que van a intentar engañarnos. Y a veces no sabemos quién, ni por qué, ni siquiera desde donde. Pero van a intentar engañarnos. El último en alertarnos es David Alandete en su nuevo libro ‘Fake news: la nueva arma de destrucción masiva’. Porque sin duda la desinformación es una munición sutil pero efectiva que busca la muerte dulce de la democracia. Alandete desmonta con un brillante análisis periodístico las noticias falsas de algunos de los procesos políticos más relevantes de los últimos años en la vieja Europa como el Brexit o el desafío independentista de Cataluña. A nuestra crisis catalana dedica gran parte del libro destripando cada una de las barbaridades que publicó la maquinaria de contaminación informativa rusa ansiosa por desestabilizar todo que queda a este lado del extinto telón de acero. ‘Tanques por las calles de Barcelona’ o ‘España reprime por la fuerza la primavera catalana’ son algunos de los titulares que viralizaron medios como RT y Sputnik, piezas demostradas de la maquinaria del Kremlin. La fase final de un plan que se gestó mucho antes de que supiéramos que significaba eso de la posverdad, en la Cataluña de Jordi Pujol y aquel Programa 2000 que marcaba la hoja de ruta para una sociedad catalana que virase hacia el independentismo promoviendo el agravio español desde la escuela, los medios de comunicación y todos los resortes del engranaje de la Generalitat.

La amenaza es grave y no solo porque vivamos en una sociedad crédula y predispuesta a ser engañada si el titular es lo suficientemente atractivo. El reto es mucho mayor porque las noticias falsas se alimentan de hechos verdaderos a los que simplemente añaden elementos inciertos. Es una manipulación de la realidad difícil de detectar y muy fácil de propagar. Como explica Alandete en Cataluña hay un movimiento independentista y se convocó una consulta (ilegal) el 1 de octubre de 2017. Incluso hubo cargas policiales aquel domingo. Sobre esa base lanzan los datos erróneos y las exageraciones descontextualizadas. Pero el hecho existe y eso las hace creíbles.Llega esta primavera multielectoral así que van a intentar engañarnos de nuevo. Y para el combate, este y todos los que vengan, nuestras armas son la educación y el periodismo de calidad. Los ciudadanos deben aprender a detectar las fuentes de información fiables para respirar bajo el alud de mensajes y artículos que les sepulta cada día. Además es la oportunidad del periodismo para superar la larga crisis de credibilidad (que nos ganamos a pulso) y demostrar que pueden volver a nuestra casa.

Pero la tarea es complicada, que la realidad ha enloquecido tanto que hasta la verdad aparece disfrazada de mentiras increíbles. Quien iba a dar por cierto, por ejemplo, que un presidente del Gobierno publicara a dos meses de las elecciones generales que él mismo ha convocado un libroque caricaturiza a «su persona». Ni a los rusos se les ocurriría bomba mejor que atribuir el «Decíamos ayer» a San Juan de la Cruz en vez de a Fray Luis de León. ¡Oye, que ambos eran religiosos!, seguro que está a punto de capear Carmen Calvo. Quizá no sepan qué decíamos ayer pero les advierto que están urdiendo de qué hablaremos mañana.
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