Pero fíjense si en este país somos imbéciles y cainitas, que incluso ha habido ocasiones en que talibanes de la ignorancia y de la supremacía han salido de sus cuevas para criticar algunas acciones o comentarios hechos por el poseedor de trece copas de los Mosqueteros. Es más, seguro que más de uno se habrá removido en su trono de la verdad absoluta al ver cómo los ojos de Nadal se humedecían al escuchar el himno de España, lo que demuestra que es un facha despiadado y defensor de la opresión a los pueblos que encarnan los verdaderos valores democráticos. Así es el nivel intelectual e ideológico de algunos y algunas en nuestro inigualable país.
Hace algo más de un año el alcalde de Manacor arremetió contra su vecino más ilustre por unas supuestas irregularidades en la construcción de la academia de tenis que Nadal abrió en dicha localidad y puso en duda el compromiso del deportista con el municipio. No hay que ser un avispado detective para adivinar que no existían dichas irregularidades y qué tipo de ideología sectaria corre por las venas de ese amago de servidor público. Además, sólo tenemos que echar unos meses la vista atrás para acordarse de cómo Nadal fue criticado por las hienas virtuales de las redes sociales por dar su opinión sobre la gestión inicial de la pandemia, al indicar que no se tomaron todas las medidas preventivas que se podrían haber adoptado. Es llamativo que muchos que se proclaman defensores de las libertades, luego sean los que pisotean la libertad de expresión por el simple hecho de que no escuchan lo que sus gurús les han amaestrado que deben escuchar. Tanto en uno como en otro caso, Rafa Nadal contestó con la misma educación y elegancia con la que juega al tenis. Siempre ha habido clases y clases.
Nadal encarna los valores que permiten que una sociedad evolucione hacia un futuro mejor. Sacrificio, honestidad, prudencia, coherencia, compromiso y humildad son algunas de las cuerdas que dan forma a la mejor raqueta con la que uno puede jugar el partido de la vida. Algunas bolas irán fuera y otras quedarán atrapadas en la red, pero la mayoría pasarán al otro lado. No siempre será fácil y en ocasiones habrá que devolver unas cuantas veces la bola, pero si uno sigue golpeando con esos valores, al final el partido caerá de tu lado en la mayoría de las ocasiones.
En unos meses tan aciagos la nueva gesta de Nadal nos ha ayudado a esbozar una sonrisa, mientras celebrábamos cada uno de sus golpes imposibles. Y a pesar de que esto es sólo un juego y hay cosas más importantes, cómo él mismo dijo tras proclamarse rey de la tierra batida, al menos nos insufla algo de optimismo y nos recuerda que por suerte, no todos los jugadores que habitamos en la piel de toro llamada España somos iguales.
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