Hay un trabajo sin el cual nada funcionaría, pero que rara vez aparece en los balances económicos: el de los cuidados. Levantar a los niños, preparar comidas, acompañar al médico, limpiar, escuchar, sostener. Ese trabajo invisible que, durante siglos, se dio por hecho y que sigue recayendo mayoritariamente en las mujeres.
El capitalismo mide la riqueza en términos de producción y consumo, pero ignora el tiempo y la energía que hacen posible que las personas produzcan y consuman. ¿Cómo llegaría un trabajador a la oficina si alguien no hubiera cuidado de su infancia, lavado su ropa, preparado su comida? ¿Cómo funcionaría un país si nadie atendiera a mayores, enfermos o dependientes?
La paradoja es que los cuidados son esenciales para sostener la vida, pero están entre los peores pagados cuando se profesionalizan –limpieza, geriatría, atención domiciliaria– y siguen siendo invisibles cuando se realizan en casa. No figuran en el PIB, pero sin ellos no habría PIB posible.
El feminismo lleva décadas recordando esta verdad incómoda: cuidar no es un asunto privado de las mujeres, sino un pilar social y económico. Reconocer el valor de los cuidados implica repartirlos de forma justa entre hombres y mujeres, pero también entre familias, empresas e instituciones.
Porque mientras los cuidados sigan siendo una carga casi exclusiva de las mujeres, la igualdad será una meta lejana. Y mientras no se invierta en servicios públicos de calidad, las familias seguirán resolviendo con precariedad lo que debería ser un derecho garantizado.
En los pueblos y en las ciudades, el cuidado es la red que lo sostiene todo. Las abuelas que recogen a los nietos del colegio, las hijas que dejan sus trabajos para atender a un padre enfermo, las vecinas que se organizan para acompañar. Historias cotidianas que demuestran que sin cuidado no hay comunidad.
Dar valor a los cuidados no es solo cuestión de justicia, sino de supervivencia. Porque un mundo que desprecia lo que lo mantiene en pie está condenado a derrumbarse. Y porque, cuando por fin entendamos que cuidar es tan importante como producir, habremos dado un paso decisivo hacia una sociedad más humana.