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Valles del Esla

13/12/2015
 Actualizado a 18/09/2019
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No conocí a David Álvarez, el empresario leonés creador de un imperio económico que acaba de fallecer, así que poco puedo decir de él ni como persona ni como personaje. Pero, por los artículos y entrevistas que he leído, me lo imagino como un empresario paternalista, un hombre hecho a sí mismo a golpe de voluntad y dedicación cuya vida giró en torno a sus empresas, pero que nunca olvidó sus orígenes humildes de chaval de pueblo, un pueblo –Crémenes, en el alto Esla– al que volvía siempre que podía y en el que tenía (en un viejo molino junto al Dueñas, el afluente del Esla que forma el valle de Lois) su refugio veraniego.

Pero David Álvarez no limitó su querencia leonesa a la visita periódica a los paisajes de sus orígenes, sino que se implicó, en sus últimos años al menos, en la supervivencia de unas montañas heridas de muerte por la despoblación, consecuencia del fin de la minería, la construcción de grandes embalses que sepultaron docenas de pueblos y dejaron si vida a otros muchos y la propia decadencia de un mundo rural que afecta no sólo a León sino a otras muchas provincias de España y de Europa entera. Y con la inteligencia y la perspicacia que debieron de adornar su personalidad (es difícil, si no, por mucha suerte que tenga uno, pasar de ser un chaval de Crémenes a presidente de una de las empresas más grandes de este país, con ramificaciones en diferentes sectores y delegaciones en todo el planeta), puso en marcha una aventura que bautizó con el nombre de Valles del Esla destinada a comercializar la carne de vacuno, de la que la montaña leonesa siempre fue gran productora, apoyando de esa manera a unos ganaderos cuyo individualismo, tan típico entre nosotros, repercutía negativamente en ellos y ayudando de paso, al mejorar sus economías, a fijar población donde ya hay muy poca.

La idea, que no es original de David Álvarez pero que para la mentalidad de unos ganaderos leoneses acostumbrados a trabajar por su cuenta y riesgo, sin darle cuentas a nadie, es una auténtica revolución y, si bien no ha logrado del todo el objetivo que el empresario querría para sus montañas, está contribuyendo a que éstas no se despueblen completamente. En León, tan dados a criticar todo lo que hagan personas con interés o sin él por la provincia o por la comarca en la que nacieron, mucha gente considera a David Álvarez un empresario más, movido únicamente por el beneficio por el afán de protagonismo, que aún consideran peor. Pero ojalá hubiera muchos como él, gente que, con interés económico o por altruismo (si fuera por altruismo le criticarían también), ayudara a salir la provincia del pozo en el que está metida.
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