Imagen Juan María García Campal

De urracas y monarquías

07/01/2026
 Actualizado a 07/01/2026
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Pasada la marabunta consumista navideña, ahora solo quedan las rebajas para este costanero enero. Y luego a recuperarse para la santa semana, que Sevilla es una maravilla, y después a por el verano, que aquí aprieta la calor, y a continuación, ya sabe, los meses se hacen pescadilla, se muerden la cola y, antes de que ronquee el gallo, de nuevo el programado lucerío de la felicidad y la prosperidad y qué felices somos y cuánto nos queremos. ¡Ja!

Que el majestuoso y mágico día 6 caiga en martes me hace adelantar la escritura semanal de este texto que otros llaman artículo. Por eso, y por ausencia de señor al mando de mis días, me pongo a ello en el que los anglosajones llaman día del sol (sunday). Además, prefiero dedicar el día de mágicas monarquías a convivir de alguna manera (memorias y gratitudes) con los que fueron magos de verdad en mi infancia y sus crédulos o cándidos años. ¿Cómo se arreglarían, y por qué, en aquellos oscurecidos días, mis ciertos magos para alimentar y cumplir, mejor que peor, pero sí siempre, mis particulares, inocentes o no tanto, deseos de tener, de poseer, aun fueran solo juguetes? ¿Cuántos propios recortes financiarían mi vanidosa expansión poseedora? ¿Acaso lo harían como posible inmunización contra la avaricia o la crematomanía? No sé, aunque efectos sí noto. Sí, sí, conversaré con ellos largo, tendido y agradecido, que no fue ni es para menos la cosa.

Yo no sé a ustedes, pero a mí me da que el año viene un poco anacrónico. Al menos así lo percibo yo en hechos, nunca mejor dicho, de fuerza mayor, pero a la antigua usanza, cuando aún no existía el derecho internacional, ni la diplomacia se había inventado y quien se imponía era el que tenía la mayor fuerza. Vamos, como en los tiempos de los viejos y recientes imperialismos. Modos estos que veo tienen gran beneplácito entre demócratas de toda la vida y rencorosos del viejo régimen patrio. Otro raro anacronismo creo detectarlo observando el extremado enchinamiento que muestran las urbanas urracas y cómo, aun siendo aves ruidosas y gárrulas, aún han elevado más el volumen de sus roncos y ásperos sonidos y, sobremanera, de su estridente chac-chac-chac. Igual creen las pobres que van por cada una de ellas los fastos con que algunos conmemorarán el noningentésimo aniversario de la muerte de Urraca I de León, que aquello si que era Estado social y ciudadano y no este vasallaje de ahora. ¡Cómo les gustan a ciertos servidores públicos conversos los reyes y grados nobiliarios! ¡Ay mi abril mediado!

¡Salud!, y buena semana hagamos.

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