Rosa Román

Urraca I de León

08/03/2024
 Actualizado a 08/03/2024
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Hoy, 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, coincide con el aniversario del fallecimiento de la reina Urraca I de León –durante un parto complicado de su último hijo–, el 8 de marzo de 1126. ¿Premonición? ¿Casualidad? Si existiera esta última, el 8 de marzo nos recuerda que las mujeres siempre han luchado por tener su hueco en la historia.

Urraca I de León, nuestra reina más carismática, con sangre leonesa y francesa –de ahí su belleza–, sorteó numerosos obstáculos durante toda su existencia, incluso tuvo que resignificarse y ponerse en modo ‘self control’ constantemente. Hija y heredera del rey de León, Alfonso VI, y de Constanza de Borgoña –nieta del rey de Francia–, creció con el afecto de su madre y sus tías paternas y fue educada y formada como los varones herederos de la época; aprendió historia, música, latín, caza, equitación, ‘trivium’ y ‘cuadrivium’. Ahí queda eso... Vamos, que se adelantó unos siglos a casi todo. Semejante currículum lo rentabilizó para gobernar su reinado –un complicado juego de ajedrez–, plagado de intrigas y luchas para conservar el poder y la integridad de sus feudos, disputados constantemente. El destino quiso que después de nacer su hermano Sancho, el heredero varón, falleciera en una batalla, y Urraca I heredó la Corona del Reino de León, de Castilla y de Galicia –que por prioridad le correspondía–. Era la «Reina de todas las Españas», y gobernó en solitario con una entereza digna del actual ‘empoderamiento femenino’. Hoy habría presidido algún gobierno o manejado varios lobbies, conjugándolos con su faceta maternal. Porque además de valor y belleza, su concepto de la feminidad partía del «yo puedo, yo ejerzo el control» –ahora lo llaman feminismo–. 

Su vida, ligeramente corta pero intensa, la aprovechó al máximo. Se casó dos veces –obligada–. Tuvo un hijo de cada matrimonio (su primer hijo sería el futuro rey Alfonso VII de León), y le dio tiempo para tener dos amantes: el conde Gómez González y el conde Pedro González de Lara –debió proporcionarle la calma y la protección que necesitaba para no sucumbir ante el entramado de intereses puestos en juego–, con quien tuvo otros dos hijos –ilegítimos, pero aceptados y documentados–. 

Pocas reinas de la Edad Media ejercieron una autoridad plena y real, desafiando la potestad de sus maridos, acostumbrados a mandar sin ser cuestionados por ninguna esposa. Apoyada por la nobleza y el clero, contuvo, con entereza e inteligencia, las amenazas de desintegrar sus dominios, cumpliendo con sus derechos y sus deberes hasta el final de su vida. 

Fue enterrada en el Panteón de los Reyes de León, junto a sus ascendientes, los reyes leoneses, en nuestra ciudad. Aquí, en León, años después, su hijo Alfonso VII se proclamó «Emperador de toda España». La gesta incansable de su madre obtuvo resultados. El 8 de marzo es una fecha para recordar a nuestras heroínas. León te guarda, querida Reina.

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