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El urbanismo leonés a oscuras

17/04/2026
 Actualizado a 17/04/2026
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León vive un ciclo inmobiliario que parece ignorar la demografía. Mientras la provincia ha perdido 32.000 habitantes en la última década, el precio de la vivienda en la capital escala hasta los 1.855 €/m², con repuntes interanuales del 23,1 %. Nuestros jóvenes padecen este escenario pensando que es una consecuencia del mercado, cuando la realidad es más sangrante. El crecimiento residencial de León ha chocado con un muro invisible de falta de potencia eléctrica.

El bloqueo se sitúa en las principales bolsas de suelo de la capital. Por un lado, el sector de La Granja, un ámbito urbanizado con capacidad para 1.475 viviendas, gran parte de protección pública, que permanece en el limbo porque la subestación que debe alimentarlo está saturada. Por otro, el sector NC 12-01, en Avenida Europa, un descampado de 48.000 metros cuadrados frente a Carrefour que aspira a albergar 251 viviendas, pero cuya materialización depende de que la red pueda absorber una demanda de casi 3.000 kW. En total, más de 1.700 hogares siguen bloqueados por un déficit de infraestructura.

Como ya expliqué en esta misma columna, León genera una ingente cantidad de energía limpia, pero es incapaz de encender la luz de sus propias promociones. Los propietarios han cumplido. Tienen proyectos aprobados y están dispuestos a edificar. Sin embargo, se encuentran con una red saturada. Es una parálisis técnica que exige voluntad política.

Para entender que este nudo tiene solución conviene mirar hacia atrás, al barrio que hoy es el pulmón de nuestra clase media: Eras de Renueva. Aquel desarrollo no fue fruto del azar, sino de sintonía entre empuje político y solvencia técnica. Isabel Carrasco, desde su liderazgo en la Junta, puso el empeño necesario para transformar aquellas ‘eras’ baldías en una zona urbana moderna. Y junto a esa visión política estuvo el brazo técnico-industrial de personas como mi amigo Enrique Fidalgo (ya fallecido), directivo de Iberdrola, cuya labor simbolizó durante años esa capacidad.

Enrique representaba una forma de entender el urbanismo que hoy echamos de menos. No como planos y expedientes, sino como una obra completa donde cables, nudos y subestaciones importan tanto como las aceras. Su figura (entre otros) encarnó esa inteligencia práctica que permitió que Eras de Renueva no quedara en promesa, sino en barrio consolidado. Esa lección sigue vigente. Una ciudad no crece de verdad si no es capaz de dotar de energía a lo que proyecta. Es hora de recuperar ese espíritu e invertir hoy en lo que no se ve para que mañana nuestros jóvenes no tengan que marcharse de León.

León no necesita más diagnósticos estéticos, necesita capacidad de conexión. Sin subestaciones, sin redes y sin reserva de potencia, el planeamiento se convierte en una promesa vacía y el acceso a la vivienda en una carrera perdida de antemano. Eso es lo que explica la frustración actual. Suelo hay, demanda hay y ciudad hay. Lo que falta es la infraestructura que convierta todo eso en hogares reales.

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