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Un día anaranjado

28/02/2019
 Actualizado a 16/09/2019
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"En política no se puede decir la verdad», me confesó hace algunos años un asesor que ha acabado metido a político. Y más preciso resultaría apuntar que la verdad en política no es la misma que la del sofá en familia, un café con amigos o el descanso en la oficina. Ni siquiera la de una conversación de ascensor o la indiferente respuesta al «¿qué tal?» protocolario y apático. En política hay que decir lo que toca y cuando toca, nunca antes o después. Un ejemplo de libro lo estamos viviendo estos días con la marejada de secano que ha provocado Silvia Clemente en la actualidad autonómica. Para la segoviana hasta no hace mucho Ciudadanos era «tirar el voto» aunque ahora sea el proyecto que mejor encaja en su forma de entender la política venciendo al inmovilismo. Y porque la verdad política muta, se transforma como la energía o (como intentarán convencernos) evoluciona; lo primero que hizo Clemente, antes incluso que vestirse de naranja, fue borrar su anterior cuenta de Twitter y con ella las verdades que ahora deberían ser mentira. Así ha podido estrenar blusa y sinceridad al mismo tiempo. «Me como una naranja y tengo un día anaranjado», que escribió Umbral en ‘Mortal y rosa’.

De esta verdad transformista también gastan sus excompañeros del Partido Popular. A la incuestionable crítica a las formas de este alevoso abandono han sumado la fontanería rencorosa que cuestiona la honorabilidad de la nueva voz de Albert Rivera en la comunidad (con permiso de las primarias) aludiendo a noticias que desacreditaron en público y en privado cuando todavía era su Silvia. Sin embargo el PP no se rompe ni se descompone como enseguida aprovechó para anunciar la oposición. La marcha de Clemente, que hacía tiempo que desafinaba en la era Mañueco, ha cosido en tres tardes el jirón mal remendado que habían dejado aquellas primarias. Nada une más que un enemigo común, sobre todo el política.

A día de hoy nadie es capaz de aventurarse a prever qué consecuencias tendrá el 26 de mayo este fichaje galáctico apurando el mercado de invierno para encarar con refuerzos la parte más exigente de esta temporada, cuando van a jugarse los títulos. Es una incógnita cómo va a reaccionar el electorado de Ciudadanos tras ver a una histórica de los ‘populares’ en la comunidad besar su nuevo escudo naranja. Aquel de la nueva política, aquel de la regeneración (que ya solo defienden Igea y Garicano). Nadie sabe si arrastra más desencantados ‘populares’ o movilizará a los convencidos. Nadie sabe si suma o resta en las urnas, y quizá más relevante, si multiplica o divide en las negociaciones posteriores para alcanzar una mayoría que sustente un Gobierno. Recuerden que ganar o perder ya no depende de ser el más votado si no de ser capaz de gobernar. Es, sin duda, esa incertidumbre la que ha vuelto a Luis Tudanca prudente y respetuoso con la nueva lideresa. Que cualquier verdad de febrero te puede acabar persiguiendo el 27 de mayo. No vaya a ser que Silvia Clemente, tras haber cerrado por fuera las Cortes, termine guardando las llaves del Colegio de la Asunción. Así que no toca.

La política es un juego de estrategia y Clemente es una excelente y esforzada jugadora. Dosificar las verdades, liberarlas a medias y saber disfrazarlas marcan tu lugar en el tablero. Incluso romper el tablero en pedazos y que caigan como puedan por el suelo todas las fichas, que en el arte de caer también se conoce a las personas. Ya dice esa verdad de la calle, la que aguanta el paso del tiempo: «Si una puerta se cierra, se abre una ventana». O se abre una naranja.
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